ARRIMANDO LA BRASA | Entre telón de lecturas para un premio

Laura Antillano

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Formo parte del jurado evaluador del Premio de Novela Rómulo Gallegos, que se otorgará este año, y para el cual se recibieron novelas publicadas de 2015 a 2020.

La tarea requiere de la revisión de más de doscientas novelas, con participación de un buen número de países. Muchas de estas novelas, todas ya editadas por distintas entidades, han recibido premios importantes, lo que no deja de ser un aval considerable, señalando lecturas contemporáneas que validan sus modos de narrar.

Aquí se presentan viejas y nuevas generaciones, por lo tanto hay discursos, modos de enunciación que ya conocemos, y la crítica literaria les coloca etiquetas; y otros modos, nunca realmente nuevos, siempre engendrados o con elementos de los modos de leer y escribir novelas en el pasado.

En lo leído, (no hemos culminado aún la lectura que incluye más de doscientas novelas), hay un sin número de modos discursivos, en donde a nuestro parecer, el periodismo lleva con frecuencia la voz cantante; es su subsuelo, en otros casos se trata del tono confesional con el cual un personaje protagónico pone en evidencia lo que piensa y siente del entorno en el cual él o ella es un personaje más.

Hay unos modos de intimidad que no han sido frecuentes en la literatura clásica de otros tiempos. En las que el narrador omnisciente llevaba la magistratura.

No podemos dar mayores datos, dado que el veredicto no se ha emitido (ni siquiera discutido todavía). Insistimos en la variedad, en la presencia llamativa de novelas con visiones futuristas, basadas en lo presente; pero igualmente en revisiones de nuestra conformación social a partir de ser un Continente de evidente diversidad étnico-social, donde creencias, aportes culturales, sociales, tienen predominio en el juego de la interdiscursividad. De modo que al leernos nos descubrimos tanto diversos como similares, enfrentando el paralelismo descontinuo.

Aquí están Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Perú, Bolivia, México, El Salvador, Panamá, España, y otros. Nos regocijan hallazgos, diversidad. Nos llaman la atención insistencias, revisiones históricas, presencias de visiones psíquicas intimistas, gusto por los policiales, la pareja como tema, visiones cinematográficas, juegos de eterno retorno, intercambios de voces, desplazamiento de escenarios en intercambios manifiestos de desesperanza de futuro próximo; o cómo escribió alguna vez Noe Jitrik: “Lo que sale no solo realiza un modelo: lo muestra como su producto, y el único que corresponde a un momento de la vida histórica en el que la pulsión de la vida se filtra por entre las trampas que la muerte tiende cotidianamente a la humanidad”.

Laura Antillano