AHORA LOS PUEBLOS | 12 de octubre: 528 años resistiendo al racismo

Anabel Díaz Aché

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La violenta invasión europea que se inició del 12 de octubre de 1492, produjo en América el exterminio de más de 80 millones de personas. “La dimensión de ese genocidio puede ser evaluada por la reducción de la población autóctona americana en el primer siglo. Ella que era, probablemente, superior a 100 millones en 1500, se vio reducida a menos de 10 millones en 1825” [1]. La colonización significó para los pueblos originarios, una hecatombe de su cosmovisión y sistema de vida. Implantó estructuras político-sociales profundamente racistas y discriminadoras, que se mantienen y que son la base de su actual situación de desigualdad y vulnerabilidad.

Frente al resurgimiento de las corrientes racistas en Latinoamérica, se debe aclarar que sostener hoy tesis supremacistas basadas en la raza tiene por lo menos 70 años de atraso en el conocimiento científico. La Declaración de la UNESCO Sobre la Cuestión Racial de 1950 señala que, según la evidencia biológica, la especie humana es solo una y que las diferencias genéticas entre los fenotipos son menores que sus semejanzas, por lo que recomiendan “que se renuncie por completo a emplear este término cuando haya que aplicarlo a la especie humana y que se adopte la expresión ‘grupos étnicos” [2].

Todos los estudios genéticos realizados durante la segunda década del siglo XX, tienden con evidencia científica a descalificar el uso del concepto de razas entre la especie humana. El hallazgo de la secuenciación del genoma humano que se completó en el año 2000, llevó a los científicos a afirmar que la mayor fuente de variabilidad genética entre los grandes grupos de individuos se da en las pequeñas escalas, entre las mismas comunidades y entre comunidades de un mismo territorio y no entre continentes, “…hecho que ha contribuido a la eliminación del término “raza” del vocabulario de antropólogos y genetistas por igual” [3].

A pesar de lo sencillo que resulta demostrar su inconsistencia científica, la raza como categoría social no va a desaparecer fácilmente del sentido común, puesto que la ideología dominante nos ha persuadido de su existencia como un hecho natural. La raza es una categoría social excluyente que ha servido para organizar históricamente la realidad política, jurídica, económica, que ha jugado y juega un papel efectivo en la dominación de unos grupos sociales sobre otros. Quedando demostrado que “si bien [la categoría raza] no es empíricamente válida, es sin embargo empíricamente efectiva” [4].

En la segunda década del siglo XXI, podemos afirmar que para nuestras poblaciones originarias han vuelto la viruela y la fiebre de El Dorado. “Los altos niveles de contagio de la covid-19, los precarizados índices de salud –elevada mortalidad materna e infantil, malnutrición, diabetes, enfermedades cardiovasculares y otras–, las dificultades para acceder a los servicios médicos y recursos básicos, incluso al agua, la muerte prematura de muchos abuelos y abuelas, sabedores y protectores del legado cultural de su gente, guardianes de sus territorios y guías de las nuevas generaciones, y la inacción o la respuesta insuficiente por parte de los Estados, enfrentan a los pueblos indígenas de las Américas a una situación que parece repetir la vivida por sus ancestros en los primeros tiempos de la conquista y la colonización” [5].

El resurgimiento de las fuerzas racistas y fundamentalistas en el continente que pretenden imponer el neoliberalismo extractivista, despojar a las poblaciones indígenas de sus territorios, contaminar sus fuentes de agua, destruir sus hábitats y agotar sus recursos naturales, ha encontrado una feroz resistencia desde Argentina hasta Canadá. Las corporaciones trasnacionales han contado en la mayoría de los casos con la complicidad de los Estados, violando los derechos humanos de estas poblaciones, en una nueva cruzada por su exterminio.

Ante esta grave situación cobra una importancia cardinal el triunfo de las fuerzas populares indígenas en las elecciones presidenciales del 18 de octubre en Bolivia.

Anabel Díaz Aché

[1] Ribeiro, Darcy (1982), La Nación latinoamericana, Revista Nueva Sociedad N°62, Buenos Aires. https://nuso.org/media/articles/downloads/3062_1.pdf
[2] UNESCO (Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) (1969), Cuatro Declaraciones Sobre la Cuestión Racial, París. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000128133
[3] Herrera-Paz, Edwin Francisco (2013, La Genética de Poblaciones y el Origen de la Diversidad Humana, Revista Médica Hondureña Vol.81-1, Tegucigalpa. http://www.bvs.hn/RMH/pdf/2013/pdf/Vol81-1-2013-10.pdf
[4] Agüero, Oscar Alfredo (2002), Sociedades Indígenas, Racismo y Discriminación, Revista Horizontes Antropológicos Vol8 N°18, Porto Alegre. https://doi.org/10.1590/S0104-71832002000200011
[5] Declaración de la Casa de las Américas en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. https://especieenpeligroblog.wordpress.com/2020/08/10/declaracion-de-la-casa-de-las-americas-los-pueblos-indigenas-frente-a-las-pandemias/