LA CARAQUEÑIDAD | Miguel Antonio Caro llega a 108 años de lucha

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Una institución con tradición de lucha por la libertad.

En 1956, mientras los ojos del mundo apuntaban a Europa por los alzamientos estudiantiles contra Francisco Franco en España, con su magia la capital venezolana –desde siempre indómita– transgredió la estricta cronología de la historia para unir, a través de sus estudiantes, los apostolados humanistas de Miguel Antonio Caro y Fermín Toro, contra el orden impuesto por Pérez Jiménez y el 16 de febrero lo demostraron en las calles.

Con su memoria casi eidética Trinita Ascanio señala que cada 28 de octubre la Escuela Normal Miguel Antonio Caro cumple años (“este año son 108”), y junto a los valientes alumnos del Fermín Toro fueron la ignición para que el resto del estudiantado caraqueño se alzara contra la dictadura (que seguramente agotó la existencia de Optalidón expendido en la Botica de Velázquez para calmar la incorregible cefalea de su jefe máximo).

Dialéctica premonitoria

Fermín del Toro y Blanco –caraqueño del 14 de febrero de 1806–, y Miguel Antonio José Zolio Cayetano Andrés Avelino de las Mercedes Caro Tobar (sin uve) –bogotano del 10 de noviembre 37 años más tarde–, quizá no se conocieron pero sus nombres, por una misma causa, honran a dos instituciones de tradición de lucha por la libertad.

Esas comunidades estudiantiles y su accionar representaron el preludio de la huelga que el 21 de noviembre de 1957 marcaría el inicio del fin de la era dictatorial que dominó gran parte del siglo XX venezolano.

Orden militar

La respuesta ante la acción estudiantil de ese 16 de febrero fue una decisión visceral castrense a través de la Resolución 134 del Ministerio de Educación, de fecha 6 de marzo de 1956, que declaró la reorganización del liceo Fermín Toro en dos liceos provisionales: el Nº 1 para alumnos de 1° a 3° años, con sede en la Miguel Antonio Caro de Catia, cuyos alumnos habían sido mudados a Los Dos Caminos. El provisional Nº 2 con alumnos de 4° y 5° años, con sede en la antigua residencia Estudiantil Nº 1 de San Bernardino. Allí funciona ahora el Carlos Soublette.

Se le dio sentido militar a todo. Alumnos y profesores pasaron a ser tutelados por el Ministerio de la Defensa bajo la excusa de que el liceo Militar Gran Mariscal de Ayacucho necesitaba reubicación de su sede original en El Junquito.

Padres, representantes y alumnos, extrañados, fueron avisados y advertidos. Quienes no aceptaran las condiciones perdían el año. Quizá hasta perseguidos o suspendidos de todo el sistema educativo. De un sistema educativo civil se pasó a esquema militarizado. Eso, lejos de desanimar el espíritu de lucha, lo alimentó.

Mensaje uniformado

La militarización educativa fue una idea traída por los pelos. En vano trató de aplacar ánimos y hormonas de aquellos adolescentes que acudían a clases “vestidos de civil”, como decían los instructores, porque los uniformes de kaki que les entregarían tiempo después estaban en plena confección. Ello permitió un tremendismo que fue más que una bofetada contra el régimen.

Recuerda Trinita que junto a los hermanos Avendaño, como la gran mayoría de los alumnos, acudieron a clases vistiendo el histórico uniforme del Fermín Toro (camisa blanca y pantalón azul los varones, falda azul las hembras), como muestra de solidaridad con el plantel que esa mañana especial estaba cumpliendo 20 años de fundado.

Fueron arrestados porque con su acto le recordaban a Pérez Jiménez que el espíritu aguerrido de su liceo originario, el Fermín Toro, estaba más vivo que nunca. Los convocaron a jornadas de estudio forzado con ambiente de hostilidad y amedrentamiento los sábados y domingos durante un mes. Pero la protesta no cesó.

Mientras el régimen anunciaba sus innegables avances con obras de infraestructura, para justificar su intención de perpetuarse en el poder, el movimiento estudiantil siguió fortaleciéndose y socavando las bases de tan peligrosa maquinaria castrense.

Lucha indetenible

Alejandro Ilaeza, estudiante del Fray Luis de León, de Puente Hierro, recuerda que su prima, la reina del Fermín Toro, Josefina Ríos, por sus ideales de izquierda (“le decían ñángara”, acotó) fue conminada a una entrevista con Pedro Estrada, jefe de la Seguridad Nacional. Fueron tres días de arresto que alimentaron su irreverencia… Ella fue ejemplo de rebeldía. Cada estudiante desde su posición y su posibilidad –más como plebeyos que como monarcas– combatió hasta lograr el objetivo…

En 1959, un año después de la caída de la dictadura, la Escuela Normal Miguel Antonio Caro retorna a sus instalaciones en Catia y el liceo militar pasa a su sede actual en Caricuao. El Fermín Toro retornó a su normalidad en la sede del centro de Caracas.

Sin dudar que ese movimiento fue determinante para el nuevo rumbo democrático del país, Trinita extraña aquellos días de lucha cuando los estudiantes, con actitud y propuestas, se hacían sentir.

LUIS MARÍN / CIUDAD CCS
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PARROQUIA ADENTRO

El parque “Los Caobos” (I)

El hoy parque Los Caobos fue, en 1810, una hacienda de cacao administrada por ciudadanos franceses, años más tarde el general realista Gerardo Patrullo ocupó la plantación bajo el nombre de “Hacienda La Guía”, donde se supo que el general Pablo Morillo vivió temporalmente en 1819. Al fundarse la República, por orden del entonces presidente, José Antonio Páez, la hacienda fue cedida a los familiares del mártir de la Batalla de Carabobo, general Ambrosio Plaza, quienes pasaron a ser los propietarios.

Para 1865 la hacienda estaba en ruinas, vendiéndose los terrenos de la “Hacienda La Guía” y su otro extremo llamada “La Industria” por diez mil pesos a los hermanos Bernardino y José Antonio Mosquera, quienes la convierten en una gran hacienda de café denominada “La Guía-La Industria” o, como muchos la llamaron de hecho, “Hacienda Mosquera”. La necesidad de obtener sombra protectora para la plantación de café hizo que los nuevos dueños se encargaran de sembrar caobos traídos de Santo Domingo. Se sabe que la pasión de don José Antonio Mosquera eran los árboles, innovando sistemas de cultivo, aprovechando el agua de la quebrada Anauco.

En 1905 muere José Antonio Mosquera, quien fue enterrado en sus propios terrenos en un ataúd hecho a su solicitud, con madera de uno de sus caobos. Para el año 1924 el general Juan Vicente Gómez expropió la hacienda “La Guía-La Industria”, perteneciente a la sucesión de José Antonio Mosquera, por la cantidad de cuatrocientos mil bolívares, para ser transformada en un agradable parque público al cual llamó “Parque Sucre”, que fue inaugurado el 4 de diciembre del mismo año en el marco del centenario de la Batalla de Ayacucho.

En 1933 se construye la “Avenida Los Caobos” para el tránsito automotor a través del parque, pocos anos después, en el año 1937, el Concejo Municipal decide cambiarle el nombre a “Avenida Mosquera”, en recuerdo al fundador del parque, señor José Antonio Mosquera.

Aún permanece en el recuerdo de los lugareños, quienes indican que las primeras lecciones para conducir vehículos fueron dictadas en el Parque de Los Caobos, esto originó el dicho popular “¡a manejar a Los Caobos!”, que se le decía a todo aquel inexperto o inexperta al volante.

En 1939, el efecto de haber creado una avenida dentro del parque, el uso de concreto, la no adecuación de las cloacas, entre otros, trajo la lamentable noticia de la mortandad de los caobos del parque. Como respuesta, fue designado el ambientalista Henri Pittier para la redacción de un informe con todas las recomendaciones necesarias para detener semejante tragedia natural.

Julio González Chacín. Fundador †
Renny Rangel
Ricardo Rodríguez Boades
Gabriel Torrealba Sanoja
parroquiadentro@gmail.com