EstoyAlmado | El unicornio

Manuel Palma

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Los mundos virtuales suelen desmoronarse más rápido de lo esperado. Al principio transmiten una sensación efectista que sirve para captar incautos, maulas políticas, abyectos empedernidos, amantes del cortoplacismo salvador o militantes del esnobismo a la violencia como vía para aparentemente extirpar los problemas que aquejan al país.

En esos mundos virtuales la puesta en escena de uno o varios fantoches, es clave. El mensaje siempre apunta a la conmoción y a la experiencia disociativa. Por ejemplo, una autoproclamación como presunto presidente encargado en una plaza cumple con los estándares de ese universo surreal. Es fantasiosamente cool.

El perfomance de un mundo virtual suele ser una obra por actos, cuyo cierre se promete como algo inmediato y esperanzador. Por tanto, no deja resquicios para pensar que tomará su tiempo y, mucho menos, que tendrá un final contrario al ofrecido. Pasó con el espectáculo de los militares en plaza Altamira (2002), el malandraje circense de las guarimbas, el show platanero en el distribuidor Altamira, el concierto cucuteño en la frontera (Venezuela Aid Live). Y, por supuesto, con la llamada ‘presidencia interina’ de Guaidó.

A todas luces, el último espectáculo del interinato se realizará antes de la medianoche del próximo 4 de enero; fecha en que finaliza el actual periodo legislativo. Es curioso: el mundo virtual del interinato fijó reiteradas fechas cruciales para supuestamente cumplir la ficción del “cese de la usurpación”. Ahora, el 6D (una fecha real, esta vez sí decisiva) obliga al interinato a tratar de evitar lo que siempre se supo que pasaría: el fin del cese de la usurpación. De hecho, el 6D ya es prácticamente un trámite; pues ese mundo virtual del interinato se cesó con su propio caldo de falacias, aventuras y mini espectáculos faranduleros.

Pero el telón aún no ha bajado. Un interinato herido en su orgullo y desesperado por decepcionar a algunos de sus financistas internacionales, luce más peligroso en víspera electoral. Lo ocurrido en Amuay puede ser apenas un asomo. Saben que después del 6D viene el 4E inevitablemente, y con ello la despedida irrevocable de su mundo virtual en el hemiciclo legislativo.

Para algunos de los seguidores del “interinato” esta etapa fue el desperdicio de una legitimidad parlamentaria ganada con votos (con el mismo CNE y sistema electoral que señalan de fraudulento). En tanto, a la calladita, para los autores materiales del interinato resultó un multimillonario negocio; que incluso superó con creces los lucrativos emprendimientos de las ONG en Venezuela contra el chavismo.

Esas millonarias ganancias del interinato tal vez fue lo único que no pertenece a ese mundo virtual. Era y es lo único real. El dinero que reciben para luchar por la “libertad” en el país es quizás la única razón por la que quieren reinventarse a partir de enero. La presidencia interina es una franquicia altamente provechosa; que, sin ser evidentemente gobierno, obtiene jugosas ganancias sin necesidad de acaparar la renta petrolera, como en otrora hacían los viejos partidos de la guanábana.

El interinato, aunque cese con una nueva Asamblea el 6D, aún significa en el seno de la oposición una fortuna exenta de la obligación de ejercer algún poder público legítimo, ni atender las necesidades de la población. Para algunos adentro del interinato es dinero fácil recibido de las ayudas foráneas mil millonarias sin trabajar o cumplir responsabilidades con las personas, que solo son usadas como excusa para recibir los fondos. En la jerga empresarial, el “interinato” es la perfecta compañía unicornio.

Por esa razón, si no logran echarle más leña al fuego de la crisis económica, la propuesta del llamado G4 es rotar los beneficiarios de las ganancias de la franquicia del “interinato”, esta vez amparada bajo una especie de “Comisión Delegada” vitalicia (otra vez una figura ficticia e írrita) de la saliente Asamblea Nacional, tal como propuso el partido de Capriles en un resumen escrito que circuló por las redes. Al parecer convertirse en una Asamblea Mutante ya no encaja en su nuevo mundo virtual.

Manuel Palma