PARABIÉN | Somos mucho más que unas cuantas gotas sin fronteras

Rubén Wisotzki

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1.

Es obvio que la globalización ha encontrado su contrapeso, justo o injusto, en el virus. Del mundo sin fronteras a las fronteras de tu casa o habitación. De los aerosoles de los mercados, –a los cuales les hemos erigido monumentos de admiración, apuntemos, entre otros, el insecticida, el fijador de peinados, el desodorante axilar, el ambientador de casa, el neutralizador de un ataque de asma, el pinta paredes de grandes mensajes, todos esos perforadores de la no visible (a nuestros mortales ojos) capa de ozono–, a nosotros, los humanos, aerosoles móviles y autónomos que esparcimos el virus y contagiamos el mal a otros.

Al parecer somos hoy, ciudadanos del mundo, merecedores de rechazo, repulsa, alejamiento y confinamiento. La sentencia del querido Jean Paul Sartre, “estamos condenados a ser libres”, parece hoy más lejana que nunca. El llamado pensamiento antiguo occidental ya había considerado la habitabilidad bajo la modalidad de burbuja, y en el presente el filósofo Peter Sloterdijk consagró parte de su quehacer filosófico a una obra en tres tomos que recomendamos sin desperdicio “Esferas”. Del hermoso globo terráqueo a los temibles minúsculos globos que producen nuestras secreciones. Vaya tránsito existencial. Leemos que Sloterdijk se interroga igual que Heidegger en su momento: ¿Dónde estamos cuando decimos que estamos en el mundo? Y nos sumamos: ¿Qué de nosotros expulsamos cuando nos decimos que nos queremos: amor o virus?

2.

Escribimos este texto pensando en la enfermedad y la metáfora que ella misma activa al construir desde su condición de acontecimiento desbordado, es decir, ilimitado. La enfermedad, en sintonía con el concepto de globalización, cumple en parte con el paradigma totalizador, pero le falla al obligar a las personas a encerrarse en un microcosmos de espacios cerrados, movilizaciones restringidas, relaciones sociales limitadas.

El virus globaliza su presencia, niega las fronteras, supera los límites, anula las barreras. La persona constriñe su presencia. Avala las fronteras, potencia los límites, aprueba las barreras.

3.

Y mientras el coco agita su agua, dos hechos, entre tantos otros, coinciden en tiempo y espacio:

a) La farmacéutica Pfizer anuncia, como ya lo hizo la Sputnik rusa, la solución al virus. Todo es político. La salud también. En los medios de comunicación occidentales recibe más cobertura, y más simpatía lo anunciado por Pfizer que lo anunciado por Rusia mucho antes. Y, sin embargo, a nadie aún le constan los efectos de esta nueva vacuna, la cual se debe celebrar como esperanza. En cambio la figura “fantasmal” de la Sputnik ya le ha dado vida útil a más de una jeringa. Occidente-Oriente, y los muros mentales entre ellos. Hay muros que aún caídos siguen en pie (y hay otros muros que sin ser levantados, como el de Trump, parecen más altos). Fronteras vivas. De esto no diremos nada más. El lector es inteligente.

b) El presidente argentino Alberto Fernández acompaña al líder Evo Morales en la frontera entre los dos países. Huésped del vecino país, el boliviano, derrocado de la presidencia por un golpe, tras no reconocer la oposición su más reciente triunfo electoral, regresa a su tierra a continuar con uno de los procesos políticos más extraordinarios que se hayan desarrollado en el sur del continente. Desde ese punto imaginario que es para los espectadores de tal evento, porque el real solamente existe en los mapas políticos de los cartógrafos, dos líderes parecen borrar toda insinuación de confín, borran las rayas, y parecen retomar el sueño de la Patria Grande una vez más.

4.

Toda simbología encierra en sí misma e irradia, sin fronteras, un efecto encantador: los límites físicos no impiden que trascienda lo imaginario. Y, asimismo, las fronteras que imponen los controles económicos, sanitarios o políticos, –ay, con la biopolítica* del gran Foucault–, no impiden que trasciendan las ideas, los ideales. Aunque nos encierren o encerremos, la condición utópica, la necesaria avidez de esperanza, la construcción de un horizonte que desde su inalcanzable lejos sea la promesa de una llegada a un buen vivir para todos, estará presente en lo humano. Somos mucho más que unas cuantas gotas de Flügge**.

Si se trata de teorizar para la configuración o representación de una nueva modalidad de acercamiento, cercanía y abrazo, empecemos. Para bien.


*Expresión ideada en el siglo pasado por el filósofo francés Michel Foucault para describir las telarañas que tejen los poderes para dominar y gestionar toda vida humana.

**El bacteriólogo alemán Karl Flügge descubrió, en 1890, que a través de las secreciones, saliva, moco, hablamos por lo tanto de boca y nariz, se transmitían algunas enfermedades.

Rubén Wisotzki