RETINA | Tú verdad y la mía

Freddy Fernández

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Lo que se explica por Dios no requiere investigación. Es una variable omnipotente que no puede ser disminuida, aumentada, acelerada, ni frenada. Dado que también es omnisciente, habría que dudar de la eficacia de las oraciones, aunque hay quien apela a la “misericordia infinita”. Dios, desde su eternidad, ya sabe qué va a pasar. Lo tiene previsto.

Esta visión puede ser aceptada por cristianos, musulmanes y judíos. Con mayor o menor grado ha estado presente en estas creencias. En ocasiones ha sido dominante en sociedades enteras y hasta hoy tiene expresiones fuertes en grupos de cualquiera de estas corrientes religiosas.

En nuestros días hay otras visiones que eluden la noción directa de Dios, pero asumen la existencia de algún plan maestro del universo. El resultado de esta forma de pensamiento siempre adquiere una belleza a la que no puede aspirar el pensamiento racional, porque tiene un basamento mágico que nos conecta con nuestra más temprana forma de entender el mundo.

En sus aspectos más radicales, esta noción sustituye la razón por la fe. Colocados en este punto, es casi normal dudar del conocimiento, de la razón común y de la ciencia. En lo personal, estos enfoques me atraen por su valor estético a la vez que me preocupan por sus consecuencias en el conocimiento y en la vida social. Casi siempre los disfruto con mucha fascinación aunque sepa que están muy lejos de cualquier forma de verdad.

Una posible consecuencia de estas líneas de pensamiento, es la pasividad política y el abandono de la ciencia. Le pasó a Europa durante casi toda la etapa de su historia denominada Edad Media. Si lo determinante eran los designios de Dios, ¿si la felicidad no estaba en este mundo sino en uno que vendría después de la muerte?, ¿qué sentido tenía la democracia o la medicina si la felicidad futura sería directamente proporcional al sufrimiento vivido antes de la muerte?

Una persona común del siglo XII de Europa sabía menos del mundo que alguien similar que hubiese vivido tres mil años antes. La radicalización de la cultura cristiana había paralizado el avance del conocimiento para favorecer un supuesto encuentro más pleno con Dios.

Imagino que estas tendencias que suponen la existencia de una inteligencia o espíritu que tiene programado al universo -se llame Dios, espíritu del universo o energía universal-, no van a imponerse de nuevo sobre la racionalidad. Creo que es indispensable poder relacionarnos sobre la base de razones comunes. La humanidad existe por su carácter social y lo social, en nuestro caso, viene de nuestra capacidad de razonar de manera colectiva.

Un vidrio roto puede tener un filo cortante. No importa si alguien te dice que hay un vacío enorme entre cada una de las partículas que conforman ese pedazo de vidrio. El conocimiento y la aceptación colectiva de ese conocimiento puede ayudarnos a evitar accidentes. En eso no vale una verdad que solo sea tuya o una que solo sea mía.

Freddy Fernández | @filoyborde