PARABIÉN | Donde digo Diego

Rubén Wisotzki

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1.

Donde digo Diego digo que la vida recibió una bocanada gigantesca, intensa, nutritiva, perdurable, de alegría, —de alegría en estado líquido, gelatinoso, seco, duro, como quiera el maestro Bauman de promesa–, cuando nació y por primera vez jugó con sus pies, con una pelota.

2.

Donde digo Diego digo que el fútbol confirmó su magia como deporte, fiesta y celebración, extendió su encanto, después de otros grandes nombres, como Alfredo Di Stefano, Garrincha, Pelé, Cruyff, y otros, de manera única en torno a la relación con el balón de manera cosmogónica, galáctica, universal, satelital, como un pequeño planeta que gira, en un ensimismamiento amoroso de lo circular, en nuestra Tierra.

3.

Donde digo Diego digo que su trayectoria es limpia y sucia, como la tuya y la mía, estimada lectora, estimado lector, pero que nunca mancha la pelota (“yo cometí un error y pagué, pero la pelota no se mancha”, dijo), porque no puede mancharse ya que esa pelota, toda pelota, es una reminiscencia fabulosa de la niñez de millones y millones en el mundo, es terrenal y, sin embargo, muchos lo han endiosado y hasta tiene una iglesia.

4.

Donde digo Diego digo que el mote común, horroroso, desigual, de “astro” o “estrella”, bien le caía a él tomando en cuenta que hablamos de un cuerpo celeste, es decir de alguien que, como astronauta, muy lejos de todo y todos, porque gravitaba desde su luz por encima de lo apagado o sombrío del mundo del fútbol; y muy cerca de todo y todos, y porque, simultáneamente, “conectaba” con un cable a tierra de manera única con los más desposeídos, con sus pares de su villa (barrio, favela) y de todas las villas del planeta que veía desde su viaje astral.

5.

Donde digo Diego digo que llama la atención que muchos se fijen en sus condiciones inhaladoras de droga, pero no posean esa misma capacidad detectivesca para enfatizar también en sus condiciones expulsadoras (denunciadoras, acusatorias, señaladoras con tarjeta roja incluida) de las grandes mafias que rodearon, ¿rodean aún?, esa gran industria que es el fútbol, cuando denunciaba, junto con el jugador Cantona, las irregularidades de las instituciones que dominan ese deporte como la FIFA, a nivel internacional, o la AFA, a nivel nacional.

6.

Donde digo Diego digo que ningún otro gol fue tan visto una y otra vez como su segundo gol ante Inglaterra en el Mundial de 1986. Así como, entre muchas otras, los “Diálogos” de Platón, la “Novena” de Beethoven, o el “Imagina” de Lennon, en música, o “El lago de los cisnes” de Chaikovski, a nivel internacional, o en nuestro caso, el “Credo” de Aquiles Nazoa, las piezas magistrales, aquellas de una duración determinada en el tiempo, pero infinitas en cuanto a mensaje, contenido, expresión, y maravilla, ese gol, ese y ningún otro, puede ser visto, es visto, será visto, una y otra vez, sin que la retina del corazón se canse.

7.

Donde digo Diego digo que comparto una anécdota familiar porque sé que fue vivida en más de una casa. Cuando Diego metió ese famoso segundo gol, ya citado, el señor Horst Wolfgang Wisotzki Wenzel, un hombre más duro que el granito, inconmovible hasta la exasperación, quien equívocamente me prohibió siempre llorar (y ahora lloro por todos esos años que no lloré), ese personaje hecho de una pieza, imposible de ser desmontado o desarticulado en lo emocional, con miles de horas de vuelo junto a su hijo de partidos de fútbol en vivo y por televisión sin que pestañease, fue disparado del sofá con los dos brazos en alto hacia el techo y fue muy, pero muy difícil, bajarlo de ese cielo de felicidad.

8.

Donde digo Diego digo mi agradecimiento por los momentos felices que hizo vivir a muchos con su talento deportivo; digo gracias por representar, cuando lo hacía con su lado bueno, a los pobres; digo gracias por proclamar, fiel a su precario origen y ya sin necesitarlo económicamente, –lo hubiese hecho si navegase en el mundo del individualismo, la indiferencia, y el egoísmo, pero su contextura ética no le permitía, entre tantos deslices, semejante desliz–, que la desigualdad social era, es, una injusticia, es el mal, la maldad; digo gracias porque es de suponerse que no debe ser fácil “triunfar” en esta vida y que los otros “triunfadores” aprecien que no dejas de mirar de dónde vienes, lo que fuiste, lo que eres, el triunfo acepta que inhales hacia arriba y no hacia abajo.

Donde digo Diego digo gracias Diego, muchas gracias. Para bien.

Rubén Wisotzki