Los pactos de sangre

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“La sangre es la excusa perfecta para silenciar la violencia hacia las mujeres”. Cuando escuché semejante frase quedé impactada por su significado, me hizo pensar en todas las mujeres que han narrado el horror sufrido en el seno de sus propias familias, historias violentas almacenadas por años, quizás décadas, en pesados baúles dentro de la memoria: “Mi tío me violó a lo largo de mi infancia, jamás lo conté porque él era hermano favorito de mi madre” o “mi abuela falleció recientemente, días antes de morir confesó que su hijo mayor la había violado por años” ¿Cuánto dolor esconden los pactos de sangre? Solo quienes han tenido monstruos dentro de sus familias pueden saberlo, pero ¿cuántas de nuestras familias tienen un monstruo, o más de uno, en sus entrañas?

De acuerdo a una investigación publicada en la Revista de Obstetricia y Ginecología de Venezuela, dic. 2008, sobre medicatura forense y violencia sexual en el estado Aragua “Los resultados obtenidos sobre el nexo de la víctima con el agresor coinciden con otras investigaciones, cuando indica que más del 70% de los casos de abuso sexual son perpetrados por personas pertenecientes al entorno familiar de los jóvenes o gente de extrema confianza que participan en la educación, formación o cuidado de los mismos”. El adulto es siempre una figura de poder y más cuando se trata de un familiar cercano.

La violencia sexual no surge de manera espontánea, hay una acción premeditada y planificada por el agresor, que cual depredador, estudia a su víctima/presa antes de consumar la apropiación de su humanidad. Esta violencia siempre incluye algún tipo de poder diferencial, en los casos donde las víctimas son niños, niñas o adolescentes (NNA) la manipulación psicológica por parte del agresor puede ser suficiente para perpetrar el acto.

Cuando el agresor es un miembro muy cercano de su familia, en la víctima puede operar el miedo a que no le crean, a generar un conflicto interno que divida al núcleo familiar, a quedarse sola sin la contención emocional de sus seres queridos, lo que deriva en una gran sensación de culpa que puede obligarla a callar por mucho tiempo, más aún cuando las víctimas son NNA.

El común denominador indica que en la mayoría de las experiencias de violencia sexual intrafamiliar cuando las víctimas narraron la agresión ejercida sus testimonios fueron deslegitimados por sus familiares, siendo influenciadas a continuar el silencio por el bien colectivo.

Todo debe resolverse en familia, ese es el pacto; familia es familia. Los pactos de sangre ocultan la realidad de una sociedad que ha hecho de la violencia sexual una cultura, una especie.

Por Gabriela Barradas

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