PARABIÉN | El odio, según

Rubén Wisotzki

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1.

Por razones que no son del interés general, en nuestras manos cayó un libro que nos atrevemos a definir, por lo menos, como curioso: “El odio en el mundo actual”. Es un libro de bolsillo que contiene una serie de entrevistas (que en el libro son definidas como conversaciones) realizadas por un tal Alfred Häsler (1910-1991) que hasta la fecha desconocíamos de su existencia. Una vez realizado un breve arqueo supimos que el autor, a grandes rasgos, es un pacifista estadounidense, que estudió por las noches periodismo en la universidad de Columbia, y que soltó más de un grito callejero en contra de la guerra de Vietnam.

2.

Lo que más logró que las manos asieran con suficiente fuerza el ejemplar fue la lista de entrevistados, 21 en total, en la que se encuentran el querido filósofo Ernst Bloch, autor del notable tríptico “Principio Esperanza”; el escritor Max Frisch, el profesor sirio Anouar Hatem, el filósofo marxista Herbert Marcuse, el maravilloso poeta senegalés Léopold Sédar Senghor, entre otros personajes que desconocíamos y nos llamaron la atención. Y otros que sí conocíamos pero que ni antes, ni hoy, fueron merecedores de nuestro beneplácito estado lector (aunque los leímos, vaya que si los leímos; hay que leerlo todo y por todas las razones posibles, incluso la del arrepentimiento de haber posado nuestros ojos en todas esas líneas).

3.

El otro elemento imanador es que fue concebido hace 50 años. Hace medio siglo. Voces que ya no están, pero que estuvieron hasta hace muy poco. Hablamos de otro mundo. ¿O no? En ese entonces no existía, por nombrar un detalle, vaya detalle, el mundo tecnológico de hoy, el mundo virtual y su abanico de redes comunicacionales.

Ya sabemos todo, y más, de los discursos establecidos: el hombre y sus pasiones, la naturaleza humana, “el hombre nace bueno pero se convierte en malo”, “el hombre nace y es como es”, lo dicho por Rousseau, por Kant, por Spinoza, por Descartes, por Hegel, y toda la pandilla. Y hasta el a veces previsible oriental Byung-Chul Han (¡Confucio, regresa!). Y lo que falta. Palabras vigentes, otras quizás no. Pero, como insinuamos al principio, la curiosidad mató al gato.

Sincerémonos: La velocidad existencial (imaginemos un bucle de fibra óptica como símbolo), nos marca más duro que un defensa a Maradona, -y por eso el caminar, no correr, ir a la velocidad y posibilidad del paso, y no más, ralentiza la experiencia de vida, y nos ayuda a concentrarnos en los alientos y las emociones que se desprenden del paisaje, sea vegetal o urbano, mientras el resto nos procura apretar el acelerador-, y el oír voces de los años ’70 nos resulta fascinante. Como lamentaba Elías Canetti: “Escucha el latido de los otros. ¡Están tan lejos!”. Esta cita es la metáfora perfecta de nuestro presente pandémico.

En fin, ya justificados, explicados, o no, escuchemos una caprichosa selección de esas voces (que cada quien elabore su juicio) en torno a uno de los elementos siempre presentes, junto al amor, en la historia de la humanidad toda: el odio.

4.

Ernst Bloch: “El odio es pálido, encogido, cobarde, pestífero, encierra vapores de cerveza que pueden ser muy explosivos. La ira es abierta. No hace empalidecer, sino enrojecer”. (…) “Todas las revoluciones han ido acompañadas por la ira. La ira no ciega necesariamente. Además, la ira es activa y limitada en el tiempo. El odio sigue lanzando durante más tiempo sus miasmas. Cuando estalla la ira siempre le queda tiempo para dejar hablar a la cabeza, que puede haber hablado ya antes, porque de otra forma sería mero odio”.

Anouar Hatem: “Dicho a grandes rasgos el odio es una soga al cuello. En lo que me atañe, siempre que siento odio hacia alguien me encuentro por debajo de mi propia dignidad”. (…) “Hoy están muriendo diariamente miles de negros* en África, de hambre y bajo las bombas de napalm. ¿Podemos impedir que estos hombres odien? ¿Qué más le queda a un oprimido o perseguido que no puede ni defenderse ni impedir que sus agresores le acosen que desear el mal a los que considera sus enemigos?” (…) “El actual equilibrio mundial es un equilibro del miedo”.

Friedrich Heer: “Un individuo que no acepta el diálogo con sus contradicciones interiores, con sus propias dificultades, porque ha hecho tabú un montón enorme de cuestiones palpitantes que no se atreverá a tocar hasta la hora de la muerte, un individuo así, ¿cómo va a enfrentarse con alegría con a los problemas del mundo exterior? Hay muchos hombres en altas posiciones que como ya desde muy temprano interrumpieron el diálogo dentro del propio pecho, no pueden, naturalmente, amar la prójimo como a sí mismos”.

Herbert Marcuse: “…una sociedad sin conflictos es una tontería. Incluso el hombre más nuevo y más libre guardará dentro de sí esa agresividad que, por otra parte, puede sublimarse para los fines más vivificadores y desublimarse”.

Leopold Sédar Senghor: “Lo mismo que el amor, el odio no adquiere sentido hasta que entra en relación con su objeto. Hay odio justificado como el que tiene por objeto el racismo y la opresión; también existe el odio contra el mal. El odio injustificado es parte del ser animal que sobrevive en la naturaleza humana. Es miedo inconsciente y, por ello, deseo de aniquilar al otro”. (…) “Una política justa ha de saber despertar el odio a lo malo y el amor a lo bueno, el odio a la guerra y el amor a la paz, y que el odio es destructivo. Por ello, no debe dirigirse contra las personas. Sólo el amor es capaz de crear su objeto”.

Hasta aquí esta apretada selección de pensamientos. Hasta aquí voces de años que ya resultan lejanos y, sin embargo, algunos muy cerca. Por algo, con la humildad del caso, nos atrevemos a repetirlos. Para bien.

Rubén Wisotzki