ASÍ DE SENCILLO | Aunque se vista de seda

Maritza Cabello

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Sigilosa, observaba cada paso que debía dar. No podía fallar. Así que, lo hacía todo con sumo cuidado. Cuando el jefe hablaba, prestaba atención para copiar el discurso y responder lo que él quería escuchar.

Si pasaba una flor auténtica, se le retorcía su corazón de plástico, pero tomaba aire y trataba con esfuerzo de imitar los movimientos, el ropaje y los gestos.

No perdía la ocasión. No había fiesta, jolgorio, bochinche, parranda o inauguración a la que asistía con su mejor traje.

Muchos la confundieron con una flor auténtica, algunos escucharon sus locas propuestas donde ella era la beneficiada. Pero sin darse cuenta, por algún lado le salía, la vena plástica, la palabra vacía, sin historia, sin pureza ni trabajo. Entonces, dejaban de prestarle atención.

Cuando estaba sola, se preguntaba, ¿por qué no me eligen?

Es que nadie se atrevía a decirle que no era real. Que era imitación.

Así pasaron los años y envejeció sin arrugas, brillante, pero falsa.

Por mas que se adornó, por mas que copió y se aprendió discursos al caletre nunca llegó a la autenticidad.

Por allí va con su corazón plástico, tratando de convencer a los incautos, al que no lee entre líneas.

Tiene pequeños éxitos, dentro de su pequeño mundo de plástico.

Maritza Cabello