EstoyAlmado | La nueva AN

Manuel Palma

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Con la nueva correlación de fuerzas en el Parlamento se abre una nueva etapa donde los diputados electos, a decir verdad, no la tendrán fácil. A partir de enero los legisladores deberán encarrilar por la vía del Estado de derecho una Asamblea Nacional utilizada por la anterior gestión para caotizar la dinámica política y agravar aún más la crisis económica.

Tienen los nuevos diputados el desafío de recomponer, en el mediano plazo, la acción legislativa que necesita el país para amainar el vendaval hiperinflacionario, y además contribuir a la urgente tarea de crear nuevas condiciones para recuperar indicadores básicos de desarrollo social.

No es un nuevo gobierno lo que comienza el 5 de enero, es el regreso de un cuerpo colegiado completamente desdibujado en los últimos cinco años por un sector de la extrema derecha, que solo dejó el nefasto ejemplo de duplicar instituciones imaginarias para apostar a la desgobernabilidad en desmedro de la calidad de vida de los más necesitados.

Porque a todas estas, ¿a quién benefició la gestión de la saliente Asamblea? ¿Quién perdió con el anterior ciclo legislativo? Al término del periodo legislativo 2015-2020 el balance es una nueva casta de nuevos ricos, una más que le restriega sus lujos y privilegios a los humildes. Se trata de una nueva élite, formada con las taras de la cultura rentística, que se dio cuenta de que la autoproclamación es un negocio multimillonario, y que ya no necesita usufructuar el poder legislativo para sus intereses personales. Eso explica la “consulta” de Guaidó este fin de semana: el fin es extender el crédito foráneo bajo el manto de una imaginaria (otra más) legitimidad vitalicia.

La nueva AN también tiene el reto de romper, o al menos erosionar, la incredulidad que pulula en algunos sectores de la población acerca del funcionamiento de las instituciones del Estado.

En la etapa legislativa 2005-2010, también con mayoría absoluta, el contexto económico y social era distinto, y algunas de las tareas legislativas incumplidas fueron hasta pasadas por alto. Pero esta vez cada acción del nuevo Parlamento tendrá un peso clave en la vida nacional. En esta oportunidad la Asamblea tiene la llave para reactivar algunas instituciones, cuyas acciones a favor de la población quedaron paralizadas por la estrategia demencial del desacato parlamentario opositor.

El desafío de la reinstitucionalización de la Asamblea pasa por normalizar algunos procesos del entramado de la administración pública nacional, además de actualizar normativas en áreas socioeconómicas; y legislar sobre algunas realidades de facto, hijas de la pandemia y la crisis.

Así las cosas, la del 6D es una victoria parcial, el resto del triunfo se completará a pulso con la nueva gestión que emprenderá la AN. Sin duda, el compromiso es culminar este nuevo periodo parlamentario con un demostrable impacto positivo en las grandes mayorías.

Manuel Palma