RETINA | Visiones de futuro

Freddy Fernández

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Para mi generación el año 2000 parecía una fecha lejana en la que la ciencia y la tecnología estarían tan avanzadas que ya los carros volarían y estaríamos en contacto con civilizaciones extraterrestres. En las narrativas de la época convivían el optimismo tecnológico, de aquellas narraciones dedicadas a la ciencia y la tecnología, junto con un pesimismo sociológico muy claramente desarrollado en novelas como 1984, Un mundo feliz o La máquina del tiempo.

En los años 80 me dediqué a este tipo de lecturas. De pronto sentí que el 2000 ya no estaba tan lejos y quise saber en qué andaríamos “cuando el futuro nos alcance”.

Como ya faltaba poco, era evidente que los carros no iban a volar. Sí había llegado el momento en que se podía tener una computadora en la casa, lo cual representó una aceleración muy importante en cuanto a las predicciones.

Un dato muy curioso es que la ciencia ficción del siglo XX no previera Internet, la red global, aún cuando si había disertado sobre aparatos de vigilancia que controlaban la vida de todos los ciudadanos. Hoy podemos saber que la red es ese entramado de control, pero que ha sido diseñado de forma tal que gustosamente nos entregamos a sus mecanismos de dominio sobre los aspectos más importantes de nuestra vida.

Si bien la ciencia ficción había previsto aparatos de comunicación inalámbricos, no sospechó que esos aparatos serían los teléfonos y menos que ellos competirían con las computadoras. La idea de separar la conexión telefónica del cableado no apareció con mucha antelación, como tampoco la idea de separar al televisor de la antena y pegarlo a un cable que trajera los contenidos. Estos cambios, que ahora son de absoluta normalidad, fueron muy radicales y poco aparecieron en las visiones de futuro.

Pero lo que más me sorprendió en los 80, al pensar en el futuro que nos iba a alcanzar tan pronto, es que más allá de lo tecnológico, en lo social y en lo político, los cambios serían muy pocos. El siglo XXI iba llegar a la región del mundo en que nací con peores datos de pobreza, con deuda externa, con una sostenida dependencia de las metrópolis y con el mismo discurso de “desarrollo” clavado en nuestros cerebros.

Me equivoqué, porque exactamente en mi país, Venezuela, empezamos 1999 con una disposición revolucionaria dirigida a romper con la continuidad de esos discursos. Sin embargo había acertado en algo que también había pensado en los 80, y es que las revoluciones las hace la gente. No son el resultado de la acción de seres venidos de otra parte. Una revolución en Venezuela, había pensado yo, la haríamos los venezolanos con la carga cultural y política que tenemos.

Esa visión implica las ventajas y las desventajas que tenemos, pero también una revolución implica cambiarnos en lo personal, convertirnos en seres revolucionarios y ser portadores del mundo mejor a que aspiramos. En eso quiero que continuemos en 2021 y en todos los años que le siguen.

Freddy Fernández | @filoyborde