LUNASOL | Chávez: hasta el 2021

William E. Izarra

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Este año 2021 es un punto crucial para definir los caminos de la derecha y de la izquierda en la Revolución Bolivariana. Así interpreto el enigma que envolvió a Chávez, al que vinculó con el año 2021.

El antecedente inmediato de este punto crucial lo constituye la lucha armada. Como sabemos, a principios de los años 60 del siglo XX, los comandantes guerrilleros jefes de las columnas de la lucha armada en las montañas de Venezuela y de las brigadas de la guerrilla urbana, ya manifestaban como imagen objetivo las ideas y acciones independentistas de Simón Bolivar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora; trilogía de pensadores que en la década de los 80 se convertiría en la base inspiradora del Movimiento MBR200 al interior de las Fuerzas Armadas Nacionales y que se le acogió como el Árbol de las Tres Raíces. El MBR200 tomó el poder en 1999 por vía del MVR y dio inicio a la Revolución Bolivariana. He allí, pues, la relación de la lucha armada y la Revolución Bolivariana de hoy. Los comandantes guerrilleros y los combatientes urbanos se fajaron contra las fuerzas contrarrevolucionarias dirigidas por el imperio estadounidense. La lucha armada toma de los libertadores que nos dieron la independencia su ejemplo de valentía y la entrega de su vida por una idea y causa que les hizo trascender para tenerlos como paradigma de resistencia y confrontación contra las adversidades.

Este es un desafío generacional que busca en cada espacio por construir la creación de un nuevo modo de vida sustentado en el socialismo bolivariano para erradicar el capitalismo. La batalla es por transformar el sistema capitalista mundial en espacios emancipados que puedan establecerse con el pueblo consciente y existir a pesar del mundo global. La disputa no es solo contra el poder hegemónico del imperio capitalista que lidera Estados Unidos y la derecha mundial de Europa y sus vasallos de Latinoamérica, lo es también contra nacionales alienados y falsos rojos que se fundamentan en el usufructo del poder y en sus ideas de la derecha socialdemócrata; por lo que, dada las dimensiones de las fuerzas adversas que pretenden liquidar a la Revolución Bolivariana, la lidia será constante, persistente y continua. Así como lo fue en 2002, 2014, 2017, 2019, en 2021 seguirá el enfrentamiento inacabado por la emancipación del pueblo, meta del socialismo bolivariano.

En consecuencia, los planes del imperialismo continuarán como inmensos obstáculos de guerra no convencional (GNC) a los cuales las generaciones bolivarianas sustentadoras del socialismo tienen que vencer; y ello se alcanza con: (1) conciencia de la dimensión de la confrontación; (2) ímpetu de energía superior a la del contrarrevolucionario; y (3) serenidad plena que rechace los efectos psicológicos que buscan desmoralizar y acobardar.

La GNC en todas sus expresiones se constituye en dificultad para la consolidación del proceso bolivariano; pero, como en todo escenario político hay por lo menos dos actores: revolucionarios y contrarrevolucionarios. No todo lo que planifique y busque concretar el actor contrarrevolucionario se cumplirá. El actor revolucionario tiene que responder con igual o mayor contundencia a lo que pretende hacer el actor adverso. A la Revolución no le queda otra opción que generar las tácticas que permitan superar a los contrarrevolucionarios de la oposición y dentro del Gobierno; y, sin que nos produzca desmoralización, así será hasta que esa adversidad “eterna” sea reducida a su mínima expresión. A cada acción contrarrevolucionaria le acontecerá de manera contraria una fuerza revolucionaria. Nada de lo que ejecute la contrarrevolución se desplazará en línea recta hacia la consecución de su meta. El actor revolucionario le responderá con otra línea que le chocará de frente haciendo entonces que la ejecutoria contrarrevolucionaria se reduzca, neutralice o desaparezca.

Los revolucionarios no pueden subestimar su propia fortaleza y el rol que tienen que cumplir en el mundo de hoy, pues la Revolución Bolivariana es un paradigma que guía, orienta e indica senderos a los movimientos emancipadores en todo el mundo y que probablemente no vemos ni palpamos pero están en sus espacios de lucha observando e identificando los cursos de acción de la Revolución Bolivariana. Así se desvela el enigma de Chávez: hasta el 2021.

William E. Izarra