Cuentos para leer en casa | 57

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Nada nos conmovió tanto a los catorce años como la muerte de María, la niña pura del libro de Jorge Isaacs. Este tomito encuadernado en cuero rojo, con cantos y tafiletes dorados, había pertenecido a la biblioteca del abuelo Ricardo Alfonso, y lo hallé en uno de sus baúles en la habitación frente al tanque. Solamente esas paredes saben cómo lloré, durante el proceso de enfermedad, muerte y entierro de María.
Entonces cuando iba al cementerio de arriba a visitar la tumba de Edda Eligia, la hermanita muerta, me parecía ver la misma siniestra ave negra posada en el brazo de hierro de la cruz. Al yo acercarme, el pajarraco levantaba el vuelo, graznando lúgubremente.

Mi mayor felicidad entonces hubiera consistido, en que la tuberculosis acabara con la hija de Narciso Blanco, pero los Blanco eran tradicionalmente una familia de gente sana.

Fin

De El osario de Dios (1969)

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Alfredo Armas Alfonzo
(Clarines 1921 – Caracas 1990). Premio Nacional de Literatura 1969. Escritor, periodista, crítico de arte, fundador y director de revistas literarias, defensor del acervo histórico y patrimonial, con una cuantiosa y brillante obra literaria narrativa entre cuyos títulos destacamos: El osario de Dios (1969), Tramojo (1953), Cien máuseres, ninguna muerte y una sola amapola (1975), Los desiertos del ángel (1990), Angelaciones (1969), El bazar de la madama (1980), Cada espina, tres historias de amor (1989).