Cuentos para leer en casa | El insensibilizador

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La música no producía en mí ninguna imagen. Si veía un árbol, no veía el árbol, pero tampoco me imaginaba otra cosa, ni pensé que estaba mirando, ni que esto debía pensarse para lograr nada. Si recordé algo casi inmediatamente se borró porque me vino el ínfimo pedazo de un sueño, y ya sabemos que los sueños no se recuerdan con los ojos. Y cuando relacioné esto se me olvidó todo porque entró un olor, o el aire producía cierto ruido, o experimentaba en mi piel lo que cualquier hombre puede experimentar en un momento que, sin ser sobrenatural, anulaba sin embargo la intervención de mí mismo, tal como me conocía, pero tampoco sin dejar de ser yo, como lo comprobé sin necesidad de dejar de mirarme al espejo, ni de angustiarme. Simplemente caminé, o miré a otro lado, o escribí sin intención de perfeccionar lo que decía, ni de decirlo más claro de lo que hubiera podido hacerlo de haber estado hablando. Y pensé –solo entonces pensé– que todo eso no debía perderse, pero si ser ganado para que más tarde pudiese ser leído por mí, o por una persona más llena de palabras que yo, aunque menos apta para pronunciarlas.

Fin

De Los 1.001 cuentos de 1 línea (1981)

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El método deductivo

Al abrir el periódico, vio que el asesino le apuntaba desde la foto. Lo cerró rápido, antes de que la bala pudiera alcanzarle en la frente. Dejó el periódico a su lado, todavía humeante.

Fin

De La gran jaqueca (2002)

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Gabriel Jiménez Emán nació en Caracas (1950).
Es narrador, poeta, traductor y animador de revistas culturales, especialista en narrativa corta. Premio Nacional de Cultura Mención Literatura del 2018. Entre sus muchos libros publicados: Los 1.001 cuentos de una línea (1981), Proso estos versos (1998), Relatos de otro mundo (2003), La gran jaqueca (2002), Paisaje con ángel caído (2004), Biografías grotescas (1997), El hombre de los pies perdidos (2005). Vivió en Mérida y Yaracuy y actualmente reside en Coro, estado Falcón.