Premio Picón Salas 2020: Descolonizar las tecnologías es el gran desafío de hoy

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Miguel Antonio Guevara / poeta y sociólogo

La literatura venezolana cuenta con un nuevo premio en su haber. Miguel Antonio Guevara, escritor incansable, editor apasionado y crítico de las tecnologías como aparato de dominación, acaba de ser galardonado con la VIII edición del Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas que concede el Ministerio del Poder popular para la Cultura desde el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos con la obra It’s a selfie world.

El jurado que lo premió considera que su obra “propone una aproximación crítica a la «labor civilizatoria» del proyecto de la modernidad occidental que en pleno siglo XXI se reproduce a través de la híper-conectividad que permiten las redes sociales y los dispositivos digitales. Su obra denuncia las subjetividades digitales de este tiempo que tienen como horizonte una conciencia transhumana que afinan los procesos de dominación cultural, económica y política, y la creación de escenarios para naturalizar las nuevas formas de racismo, esclavitud y control social”.

Agradecidos por su premio conversamos con él autor con el deseo de acercar a los lectores al universo de su obra, la cual aborda varios temas con gran profundidad. El papel de las redes sociales en la creación de una nueva superestrutructra del capitalismo moderno para explotar al hombre y generar un nuevo proletariado. La industria cinematográfica del Imperio como escuela cultural de la modernidad y también el trabajo del crítico y del escritor en este tiempo, y con el fin de dejar una expectativa a los lectores de lo que está por venir.

¿Qué significado tiene para ti ganar este premio en este momento con una obra de estas características?

Estimado José Javier, ha sido una sorpresa de la que rescato algunas ideas. La satisfacción de que reconozcan tu trabajo reflexivo no es cualquier cosa. Gran parte de esta investigación la desarrollé durante 2016 y fue una lucha no solo con la realidad material (estaba de retiro en Barinas con todos los problemas que puedas imaginarte) sino con rechazos previos tanto editoriales como académicos que me habían hecho guardar el proyecto, claro, siempre había confiado mucho en él, puedo decirte con mucha propiedad que nadie más en el país está haciendo este tipo de investigación, y si la hay no desde mi aproximación interdisciplinaria. Como le comenté al presidente del CELARG: concursé tentando al azar. Vi qué concursos había disponibles y simplemente envié el mail. Olvidé por completo que estaba participando hasta que recibí la llamada el día de los inocentes. Creo que es bastante curioso que te llame un comediante ese día para decirte que ganaste uno de los premios internacionales de ensayo más importantes de la región. He recibido muchos comentarios, mensajes, llamadas y correos de personas del campo cultural y literario muy contentas, compartiendo la alegría con mucha generosidad, rompiendo incluso las dicotomías ideológicas que estamos viviendo. Como si el hecho de que lo ha ganado un venezolano nos diera un punto moral ¿sabes?

También mi sorpresa reside en que reconozcan un libro inusual. Porque está construido en parte por un discurso fragmentario, de lexías, incluso contiene pasajes escritos en lenguaje inclusivo. También hay un capítulo dedicado al cuestionamiento del campo cultural y literario, de las formas de legitimación, académicas, institucionales, gubernamentales y privadas ¡Incluso critico todo el sistema de publicación, los concursos, los jurados, las becas! Es por ello que me sentí no solo grato y sorprendido sino también como un jugador de la vinotinto haciéndole un bonito gol al sistema.

Miguel, esta obra ganadora, considerada por ti un contraensayo, ataca al uso por parte las grandes corporaciones de la comunicación de sus plataformas como dispositivo para la dominación y domesticación de las multitudes culturales, ante eso ¿Qué respuestas y alternativas contrahegemónicas deberían emprenderse con el fin de poner la creatividad y la imaginación al servicio de los intereses colectivos y cooperativos?

En primer lugar habría que reconocer la necesidad de superar el maniqueísmo en torno al análisis de estos temas. Ir más allá de esa suerte de oposición tecno optimista y tecno negativa que existe alrededor de todo lo que tiene que ver con el mundo de la digitalidad. Ya no es la utopía pirata que exaltaba y nos invitaba a construir Hakim Bey, ni mucho menos el paraíso tecnológico que avizoraba Steve Jobs y ahora Elon Musk como heredero ideológico. Es una realidad que hay que asumir sin complejos, sobre todo porque la tecnología no solo es un instrumento de las corporaciones sino que ahora está disponible para los Estados que la utilizan para llevar los mecanismos de control biopolítico a niveles inimaginables. Soy muy optimista al respecto, sobre todo porque me parece que en términos de proyecto, Internet no es ni la uña del dedo meñique del cuerpo que puede llegar a ser, es decir, si viésemos Internet a través del odioso lente de la historia lineal, se encuentra en una fase un tanto prehistórica. Las personas están un poco como con el asunto del azúcar blanco ¿sabes? Antes pensábamos que era bueno y ahora sabemos que no es así. De la misma manera ya es un hecho que las redes sociales y otras formas de subjetividad digital son dañinas incluso para nuestra salud mental, para la economía, para la democracia, para el mismo sentido del ser colectivo, del tejido social que está en constante peligro ante el comportamiento de enjambre de los usuarios o de la llamada cultura de la cancelación, por ejemplo, el asunto es que siempre hemos sido lentos para procesar los efectos de la técnica. Diría que no podemos olvidar a Foucault: donde hay poder hay resistencia.

Abordas en tu obra esa obsesión sembrada en los individuos por labrarse un perfil que termina alimentando a las corporaciones e industrias del consumo y a su vez a esa industria cultural, si se pudiera llamar así, y a todo lo que han generado estas nuevas formas, como lo que llamas la hiperproletarización y la esclavitud moderna manifiesta en la labor sin descanso de millones de personas en el mundo que trabajan en lo que tú señalas como “la mayor maquila de producción estética de la historia de la humanidad” ¿Cuál consideras el mayor desafío del hombre en este tiempo para romper con ello?

No sé si sea el mayor desafío, sin embargo, me gustaría concentrarme en un tema en particular. Me refiero a la posibilidad de ver Internet más allá de las redes sociales y construir colectivamente un elogio de la desconexión. Es decir, las redes sociales son un fenómeno muy reciente que tras los efectos que están teniendo, como ya te he comentado, con resultados perniciosos para la salud mental y la democracia, etc., pueden ser proyectos que a mediano plazo sean reconfigurados e incluso abandonados a partir de las exigencias y, sobre todo, necesidades de las personas. Eso lo podemos ver en la migración mundial masiva a Telegram que estamos viviendo los últimos días por el empeoramiento de la dinámica de extracción de datos de WhatsApp. Esclavizarnos es más difícil de lo que pensábamos ¿no? Parece que para las corporaciones hasta teniendo ejércitos enteros de especialistas en comportamiento se les hace difícil convertirnos en un zoológico pavloviano salivante. De hecho, todavía están por verse los efectos del mutis digital que le han hecho las corporaciones a Trump, eso que Alfredo Jalife ha llamado la “Cibercracia”, en donde Mark Zuckerberg, como comento en el libro, a efectos de la demografía digital, es candidato al más grande dictador de todos los tiempos. Creo entonces que entre los desafíos está vivir la desconexión. Y ojo, con eso no me refiero a desconectarnos por completo sino a entender que la vida no gira en torno a la conexión. La pandemia nos ha enseñado que eso que soñábamos de la completa interacción digital es una estafa. Estamos agotados y agotadas de tanta pantalla. Es una gran herramienta, sí, pero no puede ser el centro de todo. Las personas están extrañando tareas fastidiosas como ir a un salón de clases o ir al trabajo presencial. Es por ello que en mi nuevo libro en proceso, en donde continúo esta línea de investigación sobre las subjetividad digitales, abordo el asunto de la desconexión, o lo que junto al también sociólogo Lenin Brea, hemos denominado ¿Cómo sobrevivir a Globalistán? Es decir, como te he comentado en un principio, hay que salir de esa interpretación maniquea, ni las redes ni Internet son el diablo ni mucho menos lo contrario. Son herramientas que estamos aprendiendo a manejar y que paradójicamente nos pueden ayudar a reflexionar y sobre todo a cuestionar el fin último de hipertecnologización planteado por las corporaciones, que como lo hemos vivido no es el más amable ni para nosotros ni para el planeta. Hay que volver al mundo real, ese tal vez sea otro un gran desafío inmediato. Por otro lado, ya un asunto a largo plazo, creo que hay un desafío aún más grande y tal vez sea el de descolonizar las tecnologías, no solo desde el punto de vista técnico y/o material sino también existencial o epistemológico. Todavía la fabricación de tecnología solo es posible a través de la depredación de la vida en la tierra, por lo tanto están despojadas de una ética para la vida. Es por ello que en lo correspondiente a la tecnología, en la balanza maniquea, la parte negativa siempre va a pesar más.

Denominas a Hollywood y a toda su industria como el Ministerio de la cultura del imperialismo ¿Cómo ves al hombre en este tiempo como fenómeno contracultural?

Cuando me refiero a eso no lo digo stricto sensu a lo que se entiende tradicionalmente como imperialismo. Me siento más cercano a lo planteado por Negri y Hardt, es decir, entendiendo al Imperio desde una perspectiva más allá de la geopolítica estadounidense. Se trata de un conglomerado difuso y difícil de aprehender que podría estar representado por actores que participan en la instrumentalización de Globalistán (Estados, corporaciones transmediáticas, industrias militares, tecnológicas, entre otras). Frente a eso hombres y mujeres, deben tomar una actitud activa. Lo concerniente a la cultura es posible porque nosotros somos los que le asignamos sentido. Por eso no hay que verlo de forma maniquea, tampoco vamos a rescatar aquel discurso de que la TV es mala y la gente es ingenua. No. Estamos en otro tiempo en que no podemos escapar de esa suerte de McLuhanismo tardío en que hemos caído, es decir, sí, ahí está realizada la aldea global y parece que no es del todo satisfactoria, vayamos  hacia otros modos de entenderla y vivirla sin complejos. el elogio de la desconexión debiera ser el espíritu del tiempo posterior a este, el de la hiperconexión. El elogio de la desconexión como un sentimiento o estado generalizado ante el mundo como se nos presenta o impone.

¿La salida es desconectarse o tú como sociólogo planteas o visualizas otras salidas?

Exacto, la desconexión, pero la desconexión no es completa sino más bien un mix. La convivencia entre estar y no estar conectados. Pero para ello necesitamos vivir la intoxicación, que es el tiempo presente. A mí me gusta usar la metáfora del pueblo y las motos. Fíjate, en un pueblo o una ciudad pequeña en la que no hay motos cuando llega la primera es una sensación, cuando hay dos y tres comienzan los primeros accidentes, y así van, hasta que la cultura motorizada se establece y la gente comienza a generar normativas, tanto institucionales como consuetudinarias, es decir, de la costumbre, y así se va estableciendo la cultura motorizada y los accidentes disminuyen. Así pasa con Internet, con esta cultura avasallante de la hiperconexión. Fíjate que ya hay países en donde se están construyendo normas y leyes en lo que corresponde a la conectividad porque ella produce colisión de derechos y otras problemáticas, por ejemplo ¿Hasta qué hora el jefe puede escribirle a los trabajadores por mensajes o correos electrónicos? ¿Qué pasa con los muchachos y las muchachas que son afectados por la brecha tecnológica (que son mayoría por cierto) y no han podido avanzar en las clases porque no tienen computadora y la pandemia los agarró solo con los cuadernos en la mano? El asunto tiene muchas aristas y se abordan precisamente en la medida en que van apareciendo.

En el campo de la literatura venezolana y el papel de la crítica abordas el tema con profunda seriedad, Miguel ¿Cuál debería ser la labor de la crítica literaria y del escritor en este tiempo?

Creo que la crítica y la labor de escritura se debieran concentrar en una dimensión editorial. Por allí hay varias entrevistas y artículos en donde hablo sobre el tema. La labor ahora no es solo crear sino crear por otras vías. La creación no es el fin último del campo literario y/o cultural. Ahora hay muchas cosas, demasiado contenido, tanto de la tradición, como del canon, lo contemporáneo en tanto epocal como lo contemporáneo actual. Hay mucho material. Es por ello que la tarea está en lo editorial ¿a qué me refiero exactamente? el editor es un curador. Y fíjate que en estos tiempos de digitalidad ha aparecido una figura nueva que llaman “curador de contenidos”, pues creo que eso debiera ser parte de la tarea del crítico y escritor de este tiempo, curar, porque no es que no hay información sino que hay demasiada. Entonces el crítico y escritor devenido en editor/curador investiga, selecciona, lee, reinterpreta y nos comparte sus asombros, que pueden ser, desde luego, una revisita a los clásicos, ya sea a partir de los textos, series, videojuegos o películas, e incluso en forma de memes, o citas, que tal vez sea esta última, junto al fragmento y la hipertextualidad, uno de los géneros más importantes de este tiempo. Afortunadamente hay una nueva generación de editoras y editores que han venido a constituir lo que he llamado comunidades de sentido, que son como un ecosistema literario completamente autónomo y que solo es interdependiente entre sus hacedores y hacedoras y lo que es más importante: es una zona de tolerancia política. Por otro lado, creo que la tarea de la crítica y la escritura también, en el caso venezolano, debiera atender el tema de la especialización o profesionalización del oficio. Afortunadamente ya hay varios diplomados en edición o talleres literarios, sin embargo, todavía no hay, por ejemplo, una maestría en escritura, creo que es de los pocos países en el continente en el que todavía no hay, y si tú quieres avanzar en el campo crítico, escritural y/o editorial, que también es un campo técnico/práctico, debes pasar de la teoría, que es lo que se aprende estudiando letras o literatura a secas. Parece que todavía quedan resabios en nuestro campo cultural sobre la función del escritor y la escritura, es decir, como si fuera un asunto así muy intuitivo ¿sabes? El escritor o la escritora “tomados por la inspiración” o gente que nació con “talento”, y la verdad es que la escritura es un campo de especialización como cualquier otro que requiere estudio y experticia. Porque después de todo la intuición y la sensibilidad no sirven de nada si no hay técnica de por medio. Y además, si algo hemos demostrado los escritores en este país los últimos años es que la necesidad no sobrepasa al deseo o a la vocación. La situación que vivimos pudo habernos hecho abandonar este tipo de oficio para dedicarnos a actividades más “productivas” y mira, aquí estamos. Soy un entusiasta investigador de lo que pasa en España o Argentina en materia literaria, por ejemplo, y suelo ver a la gente del campo cultural y literario preocupada porque no abren librerías debido a las restricciones de la pandemia, o quejándose porque Amazon puede quebrar a los libreros, y yo pienso, wow, ¿qué podríamos decir nosotros, un escritor como yo, del que no se consiguen libros suyos en las librerías y que solo puedes leerlo en su blog? o ¿qué podríamos decir frente a la realidad de la progresiva desaparición de las librerías y la posibilidad de editar en físico? Creo que la respuesta a ello es trabajo y creatividad, y al menos desde esas comunidades de sentido, de ese nuevo ecosistema literario autónomo que te comentaba, se le ha dado respuesta, una respuesta a todas luces inédita como debieran ser las respuestas ante los escenarios como el nuestro.

Ante las nuevas formas de explotación y esa oleada de colonización cultural ¿habrá quien salve al mundo del fascismo y sus guerras en el naciente siglo XXI ?

Es una pregunta que he tenido en constante problematización, sobre todo porque “fascismo” ha sido una palabra completamente vaciada de significado. Ahora toda expresión de violencia es etiquetada como fascismo. Habrá más bien que preguntarse ¿Quién salvará al mundo esta vez de lo que mal llaman fascismo? o ¿Será que debemos cuidarnos de los que llaman fascismo a todo lo que se opone a su forma de ver el mundo? Creo que eso tiene mucho que ver con aquello que decía Bourdieu, es decir, no podemos dejar el mundo en manos de los periodistas. Hay una lectura de la realidad periodistocéntrica, y en ese sentido tu interpretación de la realidad solo se basa en lo que ya la transmediática ha refinado para ti, venga del medio que venga. Entonces si tú escuchas “fascismo” a cada rato terminas llamando fascismo a todo. Hay que poner al periodismo en su lugar, que es, por supuesto, una disciplina más y muy importante de las llamadas ciencias de la comunicación, pero nunca el único ni mucho menos ideal lente filosófico, sociológico o político de interpretación de las cosas. Por eso los buenos periodistas denuncian a los que ensucian su trabajo con aquello de “un océano de conocimiento con un centímetro de profundidad”. Porque lo que está detrás de llamar fascismo a todo, que es bueno aclarar que no es la única palabra o categoría que sufre de simplificación (como es el caso de “crisis”, “guerra” o “cultura”), pueda ser resumido de una forma que me gusta mucho y es aquella fábula de Pedrito y el lobo y bueno, ya sabemos cómo termina.

Biografía Mínima

Miguel Antonio Guevara (Barinas, Venezuela, 1986). Escritor. Sociólogo, maestrando en filosofía. Entre sus libros se encuentra la nouvelle Mahmud Darwish anda en metro (El Taller Blanco Ediciones, 2019) que recibió el VI Premio Nacional Universitario de Literatura Alfredo Armas Alfonzo. Los pájaros prisioneros solo comen alpiste (LP5 Editora, 2020) es su novela más reciente. Escribe mes a mes la columna de crítica Postales distópicas en el portal MenteKupa y es autor del blog Cuaderno Hipertextual, en donde se encuentra gran parte de su obra ensayística. Ediciones Madriguera publicó un volumen compilatorio de toda su poesía publicada durante los últimos diez años titulado Mudable, Antología transitoria 2009-2019. Recientemente recibió el VIII Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas por su libro It’s a selfie world, compendio crítico sobre literatura, Internet y cine desde una perspectiva sociológica, filosófica y literaria.