DATE CON LA CIENCIA | Soluciones con sello venezolano

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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Científicos merideños crean prototipo de kit de ELISA para diagnóstico de SARS-CoV-2

“Yo amo hasta las raíces
de mi pequeño país frío.
Si tuviera que morir mil veces
allí quiero morir:
si tuviera que nacer mil veces
allí quiero nacer.

Que nadie piense en mí.
Pensemos en toda la tierra,
golpeando con amor en la mesa.

Yo no vengo a resolver nada.
Yo vine aquí para cantar
y para que cantes conmigo”

Pablo Neruda, en Que despierte el leñador

Juan Luis Concepción llegó a Caracas, en 2008, para hacer un trabajo de epidemiología sobre la enfermedad de Chagas, en Petare, en San José de las Flores y la parte alta de Antímano. Este investigador criado en los Andes venezolanos quedó admirado ante la extraordinaria capacidad creadora demostrada por un grupo de estudiantes de la Universidad Bolivariana de Venezuela en dinámicas de construcción de conocimientos protagonizadas en estos territorios.

“Aún siento respeto y fascinación por la sabiduría popular de aquellos chicos y aquellas chicas, y su disposición de trabajo. Hacer ciencia en el barrio, con esa juventud, fue toda una escuela de aprendizaje para mí, sobre la respuesta de algunas estructuras sociales de nuestro país en la búsqueda de soluciones”.

Doce años después, Juan Luis lidera un nuevo proyecto de investigación epidemiológica que incluye innovaciones tecnológicas para el diagnóstico serológico cuantitativo de SARS-CoV-2, virus causante de la covid-19.

Los resultados de este proyecto —que cuenta con financiamiento del Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Fonacit)— le permitirán a Venezuela no solo utilizar algunos de estos productos para el diagnóstico en los centros centinela de salud, sino que, además, pudiera contribuir al desarrollo de un estudio para determinar focos epidémicos y hacer controles por áreas, según la información obtenida.

De acuerdo con la versión de Juan Luis, no es lo mismo tomar una decisión soberana para implementar una política de salud, teniendo el recurso o el desarrollo en el país, que salir al mercado internacional a comprarlo, sobre todo en el contexto ocasionado por el “vergonzoso” estrangulamiento económico y financiero del Gobierno de EE. UU. al que ha estado sometida Venezuela desde el año 2013, el cual afecta la vida cotidiana de toda la población; pero, especialmente, de quienes tenemos menos recursos económicos.

Juan Luis trabaja en el desarrollo de un kit de ELISA para el diagnóstico del SARS-CoV-2, junto a otros siete investigadores de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Los Andes (ULA) y de Diagén, una fábrica venezolana hija de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (Locti).

ELISA (sigla del inglés Enzyme-Linked ImmunoSorbent Assay ‘ensayo por inmunoabsorción ligado a enzimas’) es un tipo de prueba, ampliamente utilizado en el mundo, que se basa en la detección de anticuerpos para evaluar si hubo contacto con patógenos.

Cinco mujeres y tres hombres de ciencia, en Mérida, han hecho construcciones importantes de varios materiales genéticos de SARS-CoV-2 en vectores de expresión para bacterias (Escherichia coli) y para células de mamíferos (expiCho). Se trata de un proceso que ha hecho posible la producción de proteínas recombinantes (antígenos) del virus específicas y sensibles para la detección de anticuerpos (inmunoglobulinas G y M) en pacientes con covid-19. Dichas proteínas pueden ser utilizadas como anticuerpos neutralizantes en pacientes en estado crítico, para que tengan una rápida recuperación.

Este equipo venezolano ha avanzado en la producción de la proteína N, con mayor factor de purificación que cualquiera de las que se ofrecen comercialmente en el mercado internacional para ser usadas como antígeno. La proteína N es la que más se expresa, cuando el nuevo coronavirus infecta las células; además, es la más antigénica; es decir: la que produce mayores títulos de anticuerpos en las personas o animales infectados con SARS-CoV-2. Dicha proteína se usa en diferentes pruebas inmunólogicas, como las pruebas rápidas (PRD), los ELISA, Western blot e inmunobioluminiscencia; en el diagnóstico del nuevo coronavirus, a nivel mundial. Vale decir que el costo de un miligramo de esta proteína, en el mercado internacional, puede estar entre 600 y 1200 dólares, sin incluir los costos de envío que son elevados porque este compuesto químico debe venir refrigerado. Encima, con el bloqueo facineroso de EE. UU. significaría que habría que recurrir a mercados más lejanos (Europa, Asia) para obtener esos antígenos recombinantes.

Entre los objetivos culminados del proyecto, destacan: 1) construcción de genes de interés esencial para nuestro país en la lucha contra la covid-19; 2) estandarización de la estabilidad de la proteína N en solución y en fase sólida (placas de ELISA y membranas de nitrocelulosa), como requisito necesario para que pueda ser usada en el diagnóstico y evitar que pierda la antigenicidad. Juan Luis informa estar haciendo ensayos con sueros de pacientes con covid-19 diagnosticados por prueba molecular y síntomas clínicos (sueros donados por el Ministerio para Ciencia y Tecnología) y sueros de personas sin covid-19, a fin de evaluar cantidad de antígeno, sensibilidad y especificidad.

“El proyecto camina con buen pie”, dice Juan Luis, galardonado en 2016 con el Premio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, como Investigador de Amplia Trayectoria, por la creación de un estuche con sello venezolano para el diagnóstico estratégico de chagas y leishmaniasis.

Es probable que, para finales de este mes, podamos tener el primer prototipo de estuche de ELISA para el diagnóstico serológico cuantitativo de SARS-CoV-2.

Este kit aseguraría la detección cuantitativa de inmunoglobulinas anticovid-19, por ELISA indirecta. ¿Qué significa? A diferencia de una prueba rápida, cuya evaluación es cualitativa, de acuerdo con una coloración (bandas) y una valoración al ojo, la prueba ELISA tiene una valoración cuantitativa por cuanto la hace un equipo óptico, que da un valor de referencia.

Esta plataforma tecnológica también garantizará la detección, en fluidos (suero, plasma y mucosas), de la presencia de la proteína N, con ELISA de captura. Si da una coloración significa que, en ese fluido, está el virus o restos de él. Un resultado así se obtendría, independientemente de que la persona sea sintomática o asintomática.

Otra de las propiedades de esta innovación nacional es la capacidad para identificar si un plasma tiene suficientes títulos anti-RBD. En ese caso, dicho plasma puede ser utilizado como inmunoterapia en pacientes convalecientes por covid-19.

El prototipo de estuche ELISA hecho por estos científicos criollos representa un ahorro al país de cerca de 1000 dólares, por cada 2500 pruebas. Pero más allá del valor económico, está el aprendizaje, la experiencia en el desarrollo de una investigación aplicada y el conocimiento adquirido, los cuales serán un patrimonio para Venezuela en futuras innovaciones, en áreas de importancia estratégica para la nación.

Este es un proyecto de independencia y soberanía para el diagnóstico de SARS-CoV-2. Así lo cree Juan Luis, quien nació en la isla de La Palma, en España, pero migró a Bailadores, en Venezuela, con sus padres, siendo un niño.

Para este científico, formado en la ULA, el país bolivariano tiene talentos con suficiente formación y capacidades para abordar el problema de la pandemia de covid-19, y muchos otros.

“Venezuela tiene gente valiente, capaz, que no se deja derrotar por la desesperanza; gente convencida de que el mayor valor de la ciencia es estar al servicio del bienestar de los pueblos”.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto