La Caraqueñidad | Un sexagenario recrea a Caracas

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Eso de expropiaciones, cambios de nombres y de funciones de entidades y lugares emblemáticos no es un asunto de ahora. Y menos mal que no es así, porque gracias al forzoso cambio de dueños de la Hacienda San José ejecutado según decreto 443 del 19 de mayo de 1950, por Carlos Delgado Chalbaud en contra de la familia Díaz Rodríguez, Caracas tiene hoy 84 hectáreas de un oasis en su zona centro-este para el esparcimiento. Es el Parque del Este.

Este bosque con sus lagos propios, enclavado en la selva de cemento, acaba de cumplir oficialmente sus primeras 60 primaveras, porque más allá de que se iniciara su planificación, diseño y construcción en esos años de finales de las dictaduras, su inauguración oficial se registró el 19 de enero de 1961 en el gobierno de Rómulo Betancourt con el nombre de Parque Rómulo Gallegos.

Quizá haya sido una manera elegante de honrar la pluma del autor de Canaima y Doña Bárbara, cuyos parajes pudieran recrearse allí, según la imaginación del visitante. Aunque era muy común bautizar sitios con nombres de políticos, y Gallegos fue incluso presidente de la República. Más adelante, los mismos adecos le cambian otra vez el nombre al parque para rememorar a su jefe político y presidente fundador de la obra, Rómulo Betancourt, hasta que durante el chavismo en 2008 se le otorga el nuevo nombre a manera de homenaje al precursor independentista Generalísimo Francisco de Miranda.

Un escritor, un político y un prócer, ¿con quién se queda usted, cuál nombre prefiere? Pero esa decisión depende del gobierno de turno.

La proyección inicial

Delgado Chalbaud proyectaba el crecimiento de Caracas como urbe que se abría a la modernización, con la cantidad de servicios que sus nuevos habitantes demandarían; entre ellos el derecho al esparcimiento y sana diversión como espacios planificados para el descanso y el intercambio con la naturaleza.

Para ello se contó, según la investigadora Verónica Fraíz, con la Comisión Nacional de Urbanismo (CNU) enmarcada en el Plan Regulador de Caracas. Se contrató al ya famoso arquitecto brasileño Roberto Burle Marx. Vino con sus compatriotas paisajistas Fernando Tábora y John Stoddart, quienes además se plegaron a un multidisciplinario line up de venezolanos, miembros de la CNU.

El proyecto seguía su marcha tras la sucesión en el gobierno de Delgado Chalbaud, por Germán Suárez Flamerich y luego por Marcos Pérez Jiménez, quien designa para la planificación urbana a Ibrahím Velutini y Andrés Roncajolo, responsables de contratar a los cariocas y coordinar el nuevo plan que adicionaría al parque las instalaciones del aeropuerto La Carlota, en lo que sería una zona de exposición internacional para mostrar periódicamente las bondades de la emergente capital. Pero nunca se dio esa unión parque-aeropuerto.

La capacidad indicaba seis mil visitantes mensuales, realidad que para 2008 ascendió a 270 mil, lo que pedía a gritos urgente ampliación, rediseños y mecanismos de mantenimiento para soportar el alto tráfico y garantizar comodidad y confort bajo la supervisión, ahora, de Inparques.

Incluso, para 1964, se había proyectado un acuario y un museo de antigüedades… pero ni eso en aquella época ni otras demandas en lo sucesivo. Así, el parque del este fue quedando pequeño y brindando menos servicios que los proyectados inicialmente.

¿Qué brinda?

Cuando la maqueta se hizo realidad el parque del este se presentó ante los caraqueños con flora y fauna variada de todo el país para sustituir los bucares y cafetales iniciales de la hacienda originaria. Tres tipos de jardines: uno hídrico, uno xerófilo y un bosque tropical, que adornan todo el recorrido. Cinco lagos internos que incluso garantizan la recreación con unos botes de pedal que antes fueron de remo. Un surtido aviario. Un terrario con serpientes y boas. El planetario Humboldt como proyecto educativo y cultural. Una concha acústica. Pasillos con obras arquitectónicas para separar ambientes. Y la muestra de la más variada fauna en espacios libres (con sus lógicas restricciones) donde predominan caimanes, iguanas, morrocoyes, grandes felinos, anacondas, nutrias, chigüires y diversos tipos de simios…

Tiene además un vivero y una escuela agrícola supervisada por el Inces. Una biblioteca. Espacios para distracción infantil. Sanitarios y vestuarios para los deportistas que ocupan las canchas de futbolito, baloncesto y voleibol. Un tren para paseo interno. Además de diversos kioskos y pequeños cafetines…
Gran parte de la juventud iba al parque en plan de aprendizaje. Otros aprovechaban el espesor de algunos minibosques para consolidar sus incipientes relaciones amorosas. Ahí se pedían empate y algo más…

En la historia

En esa Venezuela se le rendía culto al descubrimiento de América como hecho de partida de nuestra historia, por eso se instaló una réplica de la carabela “La Santa María”, donde se exhibían instrumentos de navegación utilizados por el genovés Cristóbal Colón y algunos guías relataban sus posibles hazañas. No obstante, desde la nueva denominación de las instalaciones esa nave fue sustituida por la corbeta “Leander” donde Francisco de Miranda llegó en 1806 a La Vela de Coro portando bandera y la primera imprenta en suelo criollo, con la cual el hijo de la panadera comenzaría a difundir sus ideas libertarias…

Ahí está, el sexagenario parque, esperando por proyectos de expansión y atenciones que realcen su sentido original, que le permitan atender la altísima demanda de recreación del caraqueño y el cariñito oficial que nunca está de más…

Ciudad Ccs / Luis Martín