CARACAS CIUDAD CARIBE | El diseño de la traza urbana caraqueña (I)

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La traza urbana alude al proceso de formación de la estructura básica de una ciudad en lo que refiere a la vialidad y la demarcación territorial. En la capital este proceso se inició con la lucha por el dominio y la pacificación definitiva del valle de Caracas y sus alrededores, proceso que se prolongó por muchos años después de la segunda fundación de la villa en 1568. Considerando que Diego de Losada fundó su villa-campamento de Caracas a la edad de 57 años, es probable que el promedio de edad de los adultos castellanos que lo acompañaron y obtuvieron solares en el área urbana se hallase entre 30 y 60 años, es decir, el espacio de una generación. En consecuencia, según el historiador Arcila Faría, las vacantes de las mercedes de tierra o de los repartimientos de por vida, distribuidos como premio a sus conquistadores y primeros pobladores, se deben haber producido a más tardar en los años finales del siglo XVI o en los primeros del siglo XVII, determinando que el crecimiento de la ciudad se produjese a un ritmo lento. Es posible que todavía en 1618 no existiese en Caracas un verdadero ordenamiento del espacio urbano que se desarrollaba de manera desordenada.

El catastro de tierras y solares

En las peticiones de solares que se hicieron al Cabildo de Caracas durante el siglo XVI y buena parte del XVII no se ubicaban los solares por calles, sino por su localización respecto a otros solares. Así, como en uno entre los innumerables ejemplos que existen en las actas del Cabildo, Pedro Medrano, en agosto de 1619, pide y suplica que “… que sean servidos de me hazer merced de dos solares que estan bacos a las espaldas de doña TeodorJuan Reyes…”. En atención lo anterior, el Cabildo decidió el 3 de febrero de 1618, comisionar a dos regidores diputados y al procurador de la ciudad para que estableciesen sus límites y verificasen los títulos de propiedad de solares y su respectiva ubicación, la ocupación ilegal de tierras ejidas.

El monopolio de la tierra por parte del pequeño grupo de fundadores de la villa-campamento duró hasta inicios del siglo XVII, momento en el cual instituciones como la Iglesia y otros criollos poderosos, enriquecidos con la explotación de plantaciones y hatos, comenzaron también a reclamar tierras en propiedad dentro del espacio urbano de Caracas para hacerse su nicho en la ciudad.

Como consecuencia del auge que a partir del siglo XVII experimentaron el comercio colonial y el mundial en general, basado en bienes económicos como las melazas, el azúcar, el cacao, los cueros de ganado, el tabaco, etc., se produjo una importante acumulación de capital fijo y dinerario entre los terratenientes, dueños de plantaciones y hatos ganaderos que –según Arcila Faría y Brito Figueroa– se habían consolidado en torno al espacio urbano caraqueño.

El control político de la Provincia

Ser dueños de solares en Caracas representaba, también, la posibilidad de controlar el Cabildo, el poder político de la Provincia, una vez desaparecidos los “padres fundadores de la ciudad”, ciudadanos honorables, pero sin muchos bienes de fortuna que formaban la primera generación de amos del valle. Se produjo una “implosión” desde el campo hacia la ciudad, originándose así la segunda generación de amos del valle, dueños esta vez de un importante poder económico, la cual, para finales del siglo XVIII, se había apropiado de los solares con mayor valor económico dentro del casco histórico caraqueño.

Se sentaron así las bases para redefinir el régimen de la propiedad territorial caraqueña, hecho que permitió, entre mediados y finales del siglo XVII, concretar la estructuración y ampliación del centro histórico de la ciudad actual, según las directivas de la propuesta de Juan de Pimentel en 1678.

Es importante preguntarse si las características de la tenencia de la tierra, monopolizada primero por los integrantes del Cabildo y luego por la segunda generación de mantuanos, no habría sido también un freno al desarrollo espacial de Caracas. Podemos observar que desde 1630, período en el cual deben haber comenzado a caducar las encomiendas de tierra concedidas en 1567, la Iglesia comenzó a adquirir tierras, no sólo para construir la Iglesia Catedral, sino también para construir casas de habitación que proporcionasen rentas a las diversas cofradías como la de San Juan Bautista, por ejemplo, creando así nuevas relaciones de propiedad territorial dentro de la ciudad.

La red de distribución de aguas blancas

Una de las conclusiones más importantes que podemos obtener del análisis de la paleotopografía caraqueña y de las redes de distribución del agua en el siglo XVII, es que todas las evidencias analizadas hasta el presente: arqueológicas, estratigráficas, geomorfológicas, cartográficas e históricas documentales coinciden en indicar que la fundación de Caracas no pudo ocurrir, en un primer momento, en el cuadrilátero que ocupa la actual Plaza Bolívar. Es muy probable que dicho espacio formase todavía parte del cauce de un río o quebrada, probable efluente del Catuche, el cual comenzó a asolvarse a finales del siglo XVI, creando grandes problemas para el abastecimiento de agua, razón por la cual se ordenó construir en 1675 el primer acueducto de Caracas.

A partir de la creación del acueducto, el trayecto de los ductos principales se convirtió en una especie de valor agregado a las parcelas urbanas. La distribución de las casas de los mantuanos caraqueños, de las iglesias y conventos principales en el casco histórico de la ciudad, estaba directamente vinculada con la capacidad para captar suficiente cantidad de agua para satisfacer las necesidades domésticas.

MARIO SANOJA OBEDIENTE / IRAIDA VARGAS
CRONISTAS DE CARACAS