LA ARAÑA FEMINISTA | Visiones feministas de Mariátegui

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Decía Mariátegui en sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1924) que “El feminismo, como idea pura, es esencialmente revolucionario”. La revolución francesa no quiso dar a las mujeres la igualdad y la libertad, dando lugar a una democracia exclusivamente masculina. Pero aunque esa democracia no ha dado igualdad, ha creado involuntariamente condiciones para que se logre, porque el uso cada vez más frecuente del trabajo de las mujeres, cambia su manera de pensar y condición.

Mariátegui estaba en contra de educar a las mujeres exclusivamente para cumplir papeles de esposa y madre. Decía que “La defensa de la poesía del hogar es, en realidad, una defensa de la servidumbre de la mujer.” Porque las mujeres son algo más que madres y hembras, así como los hombres son algo más que machos.

La cuestión femenina no es un tema aislado, porque es parte de la cuestión humana.

Pensaba Mariátegui que “el tipo de mujer creado por un siglo de refinamiento capitalista está condenado a la decadencia” y desaparecerían las jóvenes de lujo pero se ganarán para la sociedad muchas mujeres, que aportarán su energía y su acción a la sociedad. Así lo entendió, y por eso en Amauta, la revista cultural peruana fundada y dirigida por él en 1926, publicaron muchas y bienvenidas escritoras. Constituyó un primer espacio donde las mujeres pudieron dar su opinión sobre hechos que convulsionaban la vida política del país y del mundo.

Encontramos en Amauta textos de María Wiesse, Ángela Ramos, Dora Mayer, Mary González, Judith Arias, Magda Portal, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, Graciela Garbalos, María Elena Muñoz, Grisel Zani, María Mónvel, María Rosa González, Gabriela Mistral. Sobre muchas de ellas opinaba que “La poesía, un poco envejecida en el hombre, renace rejuvenecida en la mujer”. Las escritoras de Amauta participaban en el debate nacional en defensa de la soberanía contra el imperialismo, en el problema indígena y su necesaria reivindicación, en el tema educativo y en la lucha sindical. Por ejemplo, Mary González publicaba que “las legislaciones de América Latina no han otorgado aún al proletariado femenino las garantías legales que sí conceden a los hombres. Y por ello el capitalista “ha encontrado en el proletariado femenino el más fácil instrumento de explotación”.

Para Mariátegui, el feminismo no es uno ni unitario, hay diferentes corrientes y tendencias, con distintas reivindicaciones, porque las mujeres, como los hombres, adhieren a variado espectro político. Concluye: “A este movimiento no deben ni pueden sentirse extraños ni indiferentes los hombres sensibles a las grandes emociones de la época”.

Ciudad Ccs / Alba Carosio