Parlachivera

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Las chatarras te observan, te vigilan. En 2015, la derecha ganó la Asamblea Nacional y a la semana convirtió los sótanos de Pajaritos en taller mecánico. El aceite quemado tatuaba  el pavimento. De taller pasó a chivera. Las chatarras se multiplicaban, como una invasión de retorcidos monstruos metalmecánicos. La subcultura adeca mezclada con la neo-derecha estaba simbolizada en carros montados en trípodes o en cuatro bloques, camionetas sin rines, autos sin capó. Era una sofocante orgía de chatarras en la que limosinas sin puertas parecían ferrosas Venus de Milo menstruando aceite multigrado. Ya no reparaban carros allí, los canibalizaban. O los enfriaban. Todavía quedan algunas chatarras que gimen día y noche por sus dueños. Los ex presidentes de esa parlachivera deberían pedir permiso a Jorge e ir al rescatar sus criaturas, símbolo de un tiempo retorcido, como un amasijo de ambiciones oxidadas.

Earle Herrera