EstoyAlmado | Los liberados

Manuel Palma

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Cerrado el circo de la autoproclamación, las micro oposiciones fragmentadas en Venezuela se preparan para las venideras elecciones de gobernadores. No es un destello de sensatez política: lo vienen planificando desde el último trimestre del año pasado, como un acto de excarcelación. Solo esperaban que dos obstáculos salieran del juego: Guaidó y Trump. Con el primero esperaron que fuera monigote de sus propias torpezas, como en efecto ocurrió. Al segundo, en términos políticos, le pasó como a Chacumbele.

Esas micro oposiciones hicieron un acto de contrición para el 6D. No fue verdad que todos los grupúsculos de oposiciones regionales no querían participar. En las regiones muchos estaban deseosos de competir por un curul. En secreto, algunas toldas hasta tenían candidatos nominales y por lista. Otros, adelantándose a lo que pasará a final de este año, saltaron la talanquera y se juntaron con el sector minoritario que hoy ocupa algunos curules en el hemiciclo legislativo.

Lo que pasa es que esas oposiciones regionales cuando se decidieron a participar ya tenían encima las parlamentarias. “Tarde piaron pajaritos”, les hubiera dicho Luis Herrera. Al no hacer la tarea a tiempo, decidieron no lanzar más leña a la hoguera de Guaidó. Tampoco querían mostrar un resultado electoral tan escuálido cuando se la pasan repitiendo que ellos representan a una mayoría interplanetaria.

Antes de que Ramos Allup escandalizara a Twitterzuela con aquello de evaluar una posible participación electoral, Bachelet ya los había delatado: “Es lo que ellos (oposición) nos han manifestado (…) trabajar para tener buenos resultados”. ¿Qué habrá querido decir con trabajar? Lo cierto es que la diplomática lo sabía desde hace tiempo, pero lo soltó justo el 9 de diciembre pasado, tres días después de las parlamentarias.

Para hacer más evidente el virus electoral dentro de las filas de la derecha, el último informe de Crisis Group (una organización internacional de análisis y resolución de conflictos, muy citada por portales antichavistas) le sugirió a todas las oposiciones criollas: “La oposición debería afirmar que respalda un acuerdo negociado y descarta el derrocamiento violento del gobierno”. A esta hora ya hay peleas a cuchillo a lo interno del cascarón vacío del G4 debatiendo el consejito.

Mientras eso pasa, un sector de Primero Justicia añora medirse en los municipios mirandinos del este del este de la capital. Acción Democrática, por su parte, busca ampliar, o al menos mantener, sus gobernaciones en ‘alianza perfecta´ con militantes peleados y reconciliados.

Al parecer AD tiene claro su objetivo: quiere ser la minoría opositora con más espacios políticos en Venezuela. En sus cuentas suman los actuales curules en el Parlamento, algunas gobernaciones y una que otra alcaldía, si fuera el caso frente a un posible escenario de megaelecciones.

La compañía unicornio de Guaidó se dio cuenta de la jugarreta de los adecos. Por eso activaron el marketing del mea culpa, que consiste en exigirse públicamente entre ellos rendiciones de cuentas impresentables sobre desfalcos millonarios y malversaciones de fondos públicos cuando jugaron a ser un gobierno ficticio. Algo así como una limpieza de daños de la credibilidad en sus propias filas en el exterior.

Pero la carta bajo la manga que aún esconde el extremismo opositor (que languidece con una írrita e imaginaria Asamblea) se llama Leopoldo Martínez. Para más señas, Martínez fue el ministro de Finanzas designado por el gobierno de facto de Pedro Carmona, tras perpetrar el breve golpe de Estado de 2002. Martínez, exmilitante de Primero Justicia, es considerado el único venezolano miembro del Comité Nacional del partido demócrata. Forma parte del jet set demócrata estadounidense, y en este momento es la figura más activa para torpedear, a cómo dé lugar, cualquier acercamiento diplomático entre las autoridades venezolanas y el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Así las cosas, las micro oposiciones regionales aspiran a que sus propios correligionarios, dependientes de lo que le ordenen en el extranjero, no los limiten con nuevos mantras publicitarios, ni los chantajeen con discursos reciclados de fraude electoral. No quieren que para las elecciones de gobernadores, AD los deje con una mano atrás y otra adelante.

Quieren ser libres para respirar y aspirar. Ahora que la nueva AN los liberó de Guaidó, retomarán el camino electoral perdido. El problema es que ahora estas fracciones políticas regionales enfrentarán la propia desmovilización electoral que ellos mismos promovieron con ahínco. A intentar recoger el agua derramada.

Manuel Palma | @mpalmac