HORIZONTE DE SUCESOS | Realidad cultural

Heathcliff Cedeño

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Es curioso pensar que todo lo que existe cabe en los 1300 cm³ aproximados de masa encefálica que tenemos. Y cuando uno dice todo lo que existe se refiere a una realidad inabarcable, como si pudiéramos meter el universo entero en el cráneo.

¿De verdad pensamos con el cerebro? Puede ser, pero los elementos con los que pensamos están más afuera que adentro de nuestra cabeza. No es mala idea decir que pensamos con la cultura y todo lo que la compone: el tiempo, la historia, el lenguaje, las cosas y la memoria, y todo eso es la sociedad.

Por más individuales que sean nuestros pensamientos hay que decir que estos forman parte de uno mayor. Y no hay manera de que podamos escapar de esto por más bohemios y hippies que seamos porque cuando nacemos somos dependientes de otros sujetos de nuestra especie.

En el reino animal cualquier cría viene dotada de unos instintos que la hacen adaptarse rápidamente al entorno. Una jirafa recién nacida cae de coñazo en el suelo y al poco tiempo se levanta a medio terminar y hace lo que debe para sobrevivir, al poco tiempo notarán que se desenvuelve de manera individual.

Nosotros somos sujetos culturales porque nos vamos integrando a la sociedad desde que nacemos. Si bien poseemos algunos instintos, somos demasiado dependientes de los que nos cuidan. Nuestra personalidad se va construyendo a partir de lo que observamos del entorno, y esto supone ya un problema para la construcción del ego y los psicoanalistas.

Si nos remontamos al origen de nuestra especie notaremos que fuimos dejando la animalidad para convertirnos en sujetos culturales, de sociedad, no como una manada que sobrevive en grupo, sino por otras convenciones. Es como si lo que ganamos en civilidad se perdió en instinto.

El pensamiento es individual, no cabe duda, pero este pasa por el tamiz del pensamiento de la sociedad entera, con lo que existe antes y después que nosotros. Sin embargo, esto no significa que estemos condenados a que nada va a cambiar porque la sociedad no encuentra otra forma de pensar. Todo lo contrario, puede cambiar porque ese pensamiento está sostenido por nosotros en un proceso de retroalimentación constante en el que pensamos a la sociedad que nos piensa.

Heathcliff Cedeño