Caracas Ciudad Caribe | El agua y el poder mantuano (II)

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La calidad y cantidad de la distribución del agua en la Caracas de los siglos XVI, XVII y XVIII estuvieron vinculadas directamente con la capacidad que tenían los distintos sectores de la clase dominante caraqueña para apropiarse de la mayor parte de la misma. Así se puede ver que en 1810 la concentración de familias de altos ingresos se encontraba localizada, precisamente, a lo largo del espacio irrigado antiguamente por la quebrada Catuchecuao, actuales esquinas de Jesuitas, Veroes, Torre, Gradillas y Chorro, y posteriormente a lo largo de los ductos principales que bajaban desde un reservorio ubicado posiblemente en el área de las actuales esquinas de Caja de Agua y Las Mercedes, lo cual les permitía captar la mayor cantidad del líquido del cual disponía la ciudad.

La inversión en obras públicas, particularmente las que tenían que ver con el mantenimiento del sistema de acequias y –posteriormente– el “encañamiento” (ductos subterráneos) de las aguas, corría a cargo de los usuarios de las mismas. Por esta razón, los ciudadanos más ricos eran los que podían pagar los trabajos de aducción de agua, beneficiándose tanto del trazado de los mismos como de la cantidad de agua que se apropiaban.

Como evidencia de lo anterior, las viviendas de los grandes mantuanos caraqueños en el siglo XVIII se localizaban en las siguientes áreas de la ciudad:

a) A lo largo del ramal principal del acueducto se ubicaban las viviendas de: Marqués del Toro, Andrés Bello, Canónico Madariaga, Diego de Losada, Vicente Emparan, Marqués del Valle de Santiago, Catedral de Caracas, Palacio Episcopal, Juan Vicente Bolívar, Cuadra de los Bolívar.

b) Sobre el eje occidental, por donde debió haber bajado antiguamente una acequia que venía de la antigua Caja de Agua ubicada entre Jesuitas y Veroes y ahora pasaba posiblemente el ducto que venía de la nueva Caja de Agua del acueducto de Caracas, se encontraban: la iglesia de Altagracia, la casa del Conde de Tovar, la casa del Conde de San Javier, la casa del Conde de La Granja, la casa de Sebastián Miranda.

c) Sobre la “calle del medio” o “calle real”, cuyos moradores se beneficiaban también de las aguas que bajaban por ambos ramales principales paralelos, encontramos las casas del Marqués de Mijares, la Casa del Consulado, la casa capitular para las autoridades, la casa del Marqués de Casa León, la Casa de la Compañía Guipuzcoana y la casa de Juan Manuel Jáuregui. Por el contrario, las viviendas de las familias de menores ingresos se ubicaban en la parte alta o en la parte baja del curso del Catuche o en el curso medio del Caroata. La ubicación de familias pudientes en la parte alta del Catuche para comienzos del siglo XIX, donde surgirán posteriormente las actuales parroquias de La Pastora y San José, debe haber ocurrido, posiblemente, como consecuencia de la colonización de la Sabana de Ñaraulí luego del terremoto de 1812, el cual debe haber dislocado las aducciones subterráneas de agua, construidas en el siglo XVII.

Como se puede observar de lo anteriormente expuesto, sin poseer un catastro adecuado, sin una organización del espacio urbano en calles, manzanas y solares, el funcionamiento del acueducto de Caracas y su compleja estructuración dendrítica en canales de distribución, hubiese sido imposible. De la misma manera, sin los capitales necesarios para financiar las obras, sin un poder político central consolidado, sin un concepto claro de las obras públicas, de los conocimientos de ingeniería y diseño necesarios, era imposible planificar y ejecutar obras de infraestructura urbana de esta envergadura en el siglo XVI o a comienzos del XVII para lo cual se necesitaba también una mano de obra asalariada disponible, abundante y capaz: maestros de obra, aparejadores y capital para pagar sus salarios. Así como contar con los insumos necesarios: herramientas, ladrillos, piedra, cal, arena, y los medios para transportarlos.

La fecha del 27 de mayo de 1675, cuando el Cabildo de Caracas decidió comenzar la construcción del primer acueducto, podría considerarse como el hito que marca la disolución definitiva de la villa-campamento de Losada y la refundación de la Ciudad de Caracas, o quizás más bien la fundación de la ciudad contemporánea.

Plazas y mercados

Una evidencia importante de retener para explicar la formación del cuadrilátero que hoy conocemos como Plaza Bolívar se encuentra en la decisión del Cabildo de Caracas del 7-2-1675, donde se asienta una petición del Mayordomo de la fábrica de la Iglesia Catedral, capitán don Diego de Miquelena, donde este propone y es aceptada la construcción de la Plaza Mayor, con arcadas en su alrededor.

La cárcel pública

Las excavaciones de salvamento llevadas a cabo en 1995 por el Instituto Nacional del Patrimonio Cultural en el estacionamiento de la Casa Amarilla (Cancillería), ubicada en el ángulo noroeste de la Plaza Bolívar, pusieron al descubierto vestigios que podrían corresponder con la cárcel pública. De acuerdo con las Actas del Cabildo de Caracas, en la sesión del 10 de octubre de 1674 se decidió construir una cárcel pública:

“… en el citio de estas casas capitulares ay uno que en lo pasado sirvio de ynterin de dicha cárzel, se acordo que se rredifíque…”

De acuerdo con nuestras apreciaciones visuales in situ, el depósito arqueológico estaba constituido por una capa de tierra negra que contenía restos de comida y vajilla doméstica, particularmente mayólica poblana Azul sobre Blanco tipo A, marcador temporal que correspondería con la fecha antes señalada.

Las evidencias arqueológicas y documentales indican que es sólo a mediados del siglo XVII cuando ocurre la primera modificación intensiva del relieve del actual casco histórico caraqueño, cuando pudo pensarse en poner en ejecución la propuesta urbana que presentase Juan de Pimentel en 1578.

Mario Sanoja Obediente / Iraida Vargas
Cronistas de Caracas