Douglas Bravo

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Nada como chatear con mis panas Hermes Vargas y Benito Mieses recordando a nuestro querido comandante, un verdadero amigo además de jefe de esos carajitos (como nos decía), de los 70. El otro, ya no tan carajito, Tito Núñez, nuestro querido hermano poeta no apareció en este velorio virtual ni en el físico de la Vallés, me imagino que llevarán las cenizas para velarlo en Paso Real porque era su jefe y amigo del alma. Hasta él hago llegar mi más sentida condolencia, aunque somos deudos del mismo muerto.

Douglas seguirá siendo una figura mítica y emblemática de la lucha revolucionaria, su aporte a la guerrilla con nuestro querido PRV, fue fundamental para este proceso que hoy nos concierne, aunque su última corte pretenda borrar de un plumazo aquel legendario partido y lo reseñan como fundador de Tercer Camino, su última organización para la disidencia, porque eso sí tuvo él, siempre estuvo en contra del “establishment”.

Es un coñazo para nuestra memoria, –decía Hermes–, y la gente no debería ponerse con “güevonadas”, él era un disidente hasta de él mismo, decía Diego Salazar… Se veía en el espejo y se arrechaba… A mí siempre me hizo gracia, –dije yo–, y pienso que era como Borges, por más mierda que hablaran sus méritos son indiscutibles. Yo lo quise mucho y él a mí. ¡No tanto como a tí!

Polémico hasta la última hora, fue objeto de querellas fraternales, por una de esas Tito no me habla, sin embargo, nuestros últimos encuentros en fiestas con Daniel González fueron absolutamente cordiales por el acuerdo tácito de no hablar de política. Allá en la eternidad se debe estar riendo de las “peleítas” de sus amigos, en la Vallés, El Pica entrompó a Tarek, diciéndole que su presencia sobraba ahí, o en castellano castizo que no tenía velas en ese entierro.

Sin embargo, a pesar del tragicómico impasse, fue muy grato compartir con los camaradas de siempre, Diego Silva, Gloria, Marla, Víctor urgente, Flérida, El Largo, Vivián, Gandhi, Agustín, el viejo Rangel…

Su partida inesperada, porque pintaba para durar 100 años, hoy nos llena de congoja.

Humberto Márquez