LETRA DESATADA | Tibi… y Dios

Mercedes Chacín

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Tibisay Lucena. La conocí en aquellos tiempos en los que cobró vida la frase: Aquí cabemos todos. Consigna manoseada, gritada y escrita con vaselina. Por allá por 2002. Tibisay se vestía como abogada y socióloga a la vez y yo no conocía de su afición por el cello. Cuando hubo que tomar partido ella lo dijo claramente en aquel edificio Monagas: me decido por la patria. Ahí cabíamos todos, pero estábamos como muy apretujados. Ella lo supo siempre, yo me di cuenta bastante después. Tibi se safó rápidamente. Lo de caber todo se convirtió en eufemismo. Sin embargo, hubo trabajo y esfuerzo conjunto un rato, hasta que cada quien buscó estar donde se sentía más a gusto según sus convicciones. Cada riachuelo agarró su cauce. Hubo gente que nunca salió del edificio Monagas. Luego coincidimos en 2005 en el Consejo Nacional Electoral. “No se imaginan lo feliz que estoy de no tener que hacer cronogramas”, dijo Tibi esta semana en una mini rueda de prensa en la Redacción de Ciudad CCS. Se refería a los cronogramas electorales que tantas veces elaboró, los cuales debían cumplirse porque si no se cumplen sencillamente las elecciones no se realizan. Precisión de relojero, dice el lugar común. Han pasado catorce años y Tibisay no tiene idea (hasta hoy) de que cada vez que yo la veía salir en televisión para decir y hacer o para anunciar resultados yo recordaba la firmeza de aquella socióloga allá en Los Chaguaramos, una noche cualquiera. Tampoco tiene idea de lo orgullosa que estamos las mujeres venezolanas de ella. Ella dice que se liberó y ahora puede decir lo que quiera donde quiera, que estar en Unearte como rectora es “liberador” y que cree en el diálogo fervientemente. El resto de los venezolanos y las venezolanas también podemos decir lo que queremos. Cabemos todos. Y en eso tiene Tibisay Lucena mucho que ver. Agradecida.

Dios. Mi relación con Dios (con el Dios de la Iglesia católica) empezó bastante temprano. Me bautizaron, luego me confirmaron y luego hice la primera comunión vestida de monja. Años después tuve una hija y luego su papá y yo quisimos bautizarla (tres padrinos y dos madrinas tiene mi negrita). No hubo casamiento por la iglesia. Pagué una promesa del Nazareno (hasta los quince años y sin el vestido lila). Últimamente me han dicho que la espiritualidad es el amor, la cultura, la convivencia, todas la artes, los ancestros y la Pachamama y que es lo mismo que otros espíritus y la verdad no lo creo, porque hay tantos dioses como religiones y las religiones no son liberadoras, más bien lo contrario. No hay nada más encorsetado que un discurso religioso y muchas veces son más fanáticos y fieles que la gente de La Guaira con las sardinas. Me fastidian profundamente las bendiciones virtuales (les pido “que me la echen” solo a mis tíos, tías y a mi mamá). Pero además de todo eso no entiendo las decisiones de ningún Dios. A veces son tan trágicas que parecen una retahíla de sarcasmos. No está fácil la cosa. ¿Será que Tibi me puede orientar en esa elección? ¿Siempre se puede fingir demencia? Eso es liberador también. Sigamos.

Mercedes Chacín