MEMORIAS DE UN ESCUÁLIDO EN DECADENCIA | Carvativir

Roberto Malaver

0

¡Mejor es el remedio que la enfermedad! Es que no aprendemos nunca. Aparece el dictador anunciando un remedio para el coronavirus que se llama Carvativir: “poderoso antiviral desarrollado por científicos de Venezuela, que comenzará a ser producido en forma masiva para neutralizar 100 por ciento al coronavirus”. Y listos, partida, arrancan los insultos y las dudas contra el producto porque nosotros no somos capaces de apoyar un carajo que vaya a favor de las mayorías. Y de paso, no vamos a aprender nunca. Anuncian el Carvativir y el dictador habla de las gotas milagrosas, y eso basta para que nosotros no creamos en milagros. Pero ocurre que la vaina es en serio. Que el producto se ha probado en Estados Unidos y otros lugares y que es cierto, funciona, y solo espera por el visto bueno de la Organización Mundial de la Salud y vamos a darle. Y además, “el Carvativir pasó todas las pruebas de eficacia y seguridad durante nueve meses, sin efectos secundarios o negativos”, ah, pero la vaina es que nosotros no soportamos que este país tenga éxitos sin que nosotros estemos en el poder, que somos más arrechos que el perro de los Branger. Y somos la agente decente y pensante del país. No creamos un carajo. No somos capaces de abrir la posibilidad de que se pueda comprar la vacuna utilizando el oro parece plátano es, que está en Inglaterra, porque el gobierno interino dice que no es no. Y no solo eso, se mueren los carajitos venezolanos que están en tratamiento en Italia, porque la Fundación Simón Bolívar, de Citgo, que los protegía, ahora, gracias a nosotros, no les envía el dinero para salvarlos, es que somos de una miseria humana que pica y se extiende por el barrio de Salamanca, en España.

Y menos mal que nuestros medios de comunicación no han dicho que somos uno de los pocos países que ha sabido enfrentar esta peste del coronavirus. Muchos creímos que si la vaina se ponía bien jodía, que se muriera la gente en la calle, entonces veníamos nosotros los salvadores, porque solo la oposición salva, y zas, al carajo los enfermos. Pero el dictador ha sabido tratar esta vaina, y con el 7 más 7 y la flexibilización y lo radical, estamos resistiendo con arrechera para nosotros, es verdad, que siempre celebramos la muerte, sobre todo cuando es un chavista el que pela bola. Nuestros medios están haciendo el papel de callar, porque nada bueno en este país es noticia, y eso puede prolongar la dictadura hasta más allá de más nunca. En eso estamos claros. Es cierto que el interino anda dando lástima por allí, porque ya muchos Estados le han quitado el reconocimiento, -qué bolas, reconocimiento-, y el peo que tuvo con el canciller, Matemático Borges, por la explicación de los dineros robados, lo tiene nervioso, y por lo visto, vamos a tener que salir a recogerlo, porque entre esos tiburones de la oposición, la sardinita está lista para la parrilla. Y en Paraguay cada vez que se escucha la palabra Guaidó repícame tamborero.

Y otra vaina que viene avanzando es el diálogo. Ya los compañeros de Fedecámaras declararon que llevan una propuesta a la Asamblea Nacional para salir adelante en la economía, lo primero que deben hacer en esa propuesta es defender a nuestra gente, es decir, que no nos vayan a joder, que, claro, nos lo merecemos, pero tampoco la vaina es así. También hablaron con las universidades, y con los cristianos y los evangélicos, y si la cosa se pone seria lo mejor es abandonar el juego a tiempo, o mejor dicho, el país, y después venirse hecho el loco en un vuelo de Vuelta a la Patria.

El papá de Margot vio el anuncio del Carvativir en el canal ocho. Y después leyó una explicación en la computadora y se quedó loco de bola. “Es que nosotros no esperamos para verificar las vainas, sino que le caemos encima porque no tenemos paz con la miseria” –dijo. “Solo espero mi dosis, por si acaso una vaina. Lo único que lamento es que no creamos ni proponemos un carajo para salir de la pandemia, pero somos buenos hablando la paja que jode”. Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro, que la vecina gritó: “Múdate, muérgano, desgraciado. Me vas a matar de los nervios”.

-Escúchame, quiero decirte algo.- Me canta Margot.

Roberto Malaver