Jesús Rojas sintió el Caracazo en Seúl

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En la mañana del lunes 27 de febrero de 1989, cuando muchos habitantes de Guarenas salieron a sus lugares de trabajo, especialmente hacia Caracas, se encontraron con el cobro excesivo en el precio del transporte, lo que hizo estallar el malestar que se venía acumulando desde hace tiempo por el abuso de comerciantes y el olvido del gobierno de Carlos Andrés Pérez. En ese instante pero a más de 14 mil kilómetros, y con 13 horas de diferencia, el boxeador Jesús “Kiki” Rojas se alistaba para descansar tras una doble jornada de entrenamiento con miras a una pelea que lo podía acercar al título mundial del peso mosca.

Rojas se había venido desde El Tigre (Anzoátegui) a Caracas con el fin de dar inicio a su carrera como boxeador profesional, había dejado a la familia en su vivienda de la calle Zulia, en la parroquia La Vega, para buscar lo que consideraba su gran oportunidad de aproximarse a una pelea titular.

Llevaba días en Seúl, Corea del Sur. Los púgiles que pelearían fuera de su país viajaban con unos 15 días de anticipación para lograr una mejor aclimatación y adaptación al huso horario de la nación sede.

La pelea sería el miércoles 1° de marzo, contra el local Yoon-Un Jin y a Rojas lo acompañaban en la incursión su mánager Ramiro Machado y el entrenador Fulgencio Jaramillo, hombre de ejemplares modales, peinado con brillantina y quizá el único preparador de boxeo en Venezuela que ejercía su trabajo vestido con corbata.

“Siempre que viajaba tenía la costumbre de llamar todos los días a mi familia, más cuando lo hacíamos a un país como Corea del Sur, muy distinto al nuestro en idioma y costumbres”, dice Rojas.

Esa fue su segunda salida del país, había estado en Japón casi un año antes (24-04-1988), donde noqueó a Yasutaka Sakurai.

“Cuando me enteré de lo que pasaba hablé con mi familia y les pedí que se quedaran en casa”, recuerda el ahora licenciado en Educación Física, que para entonces tenía dos hijos, “de ocho y seis años”.

“Mi reacción fue de incertidumbre. La situación me preocupó mucho, faltaba poco para la pelea, pensaba en mi familia, en el país y si habría problemas para ingresar a la patria cuando volviera”.

Le resultaba difícil lograr información a través de los medios de comunicación surcoreanos, especialmente por el problema idiomático, “pero Ramiro Machado supo manejar la situación y darle tranquilidad al grupo, siempre estaba pendiente, mientras el profesor Jaramillo se encargaba del cumplimiento del plan de preparación como estaba previsto”, argumenta.

Lamentablemente Rojas perdió el combate, que terminó con su invicto.

“Regresamos. No tuvimos inconvenientes en el aeropuerto, y de allí a mi casa en La Vega. Mucha gente en la calle, amontonada, tratando de comprar alimentos, se veían los efectos de la protesta. La represión y mortandad fue grande, me encontré con una realidad muy cruda”, dice.

“Luego me enteré que el miércoles, el día de la pelea, fue cuando se produjo la mayor cantidad de muertos. Fue el día en que los cuerpos de seguridad comenzaron los allanamientos”.

Rojas fue campeón mundial de los pesos mosca (50,80 kg) y supermosca (52,16 kg).

Ciudad Ccs / Juan Cermeño