CRÓNICAS Y DELIRIOS | El amor en los tiempos del coronavirus

Igor Delgado Senior

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Si antes del coronavirus era un problema encontrar pareja, hoy lo es más. Las relaciones sociales se han reducido y los solteros o quienes viven solos, permanecen en sus casas durante mucho tiempo sin compañía (salvo la compañía del celular o comiéndose el cable existencial de la TV por ídem).

Sin embargo, un supermercado alemán encontró la solución de la soledad en pandemia y un día a la semana ha instituido el programa de “compras de solteros”. El procedimiento para encontrar pareja funciona de la siguiente manera: los solteros se ponen un distintivo numerado y si ven a alguien que les gusta, pueden acercarse a caja para que le llamen por el micrófono y así conversar un rato o dejar un mensaje, como por ejemplo “Me encantaría encontrarme con usted en la sección de frutas para tomarnos un jugo”.

Sin tanto protocolo teutón, un automercado caraqueño clase A, cuyo nombre nos reservamos para evitar aglomeraciones de tipos y tipas alebrestados por encontrar su otra costilla (y no propiamente de res), estableció un régimen semejante: los viernes a golpe de cinco p.m. cuando baja la tarde y sube la libido, el negocio se engalana de pancartas, slogans propicios y música suave a fin de que los clientes entren en contacto de iniciación cariñosa (“¡Échale pierna…de pavo y adquiere así tu felicidad futura!”; “Ningún precio es alto para conseguir tu media naranja o tu corazón de melón!”; “¡Compra siempre full de todo, recuerda que amor con hambre no dura!”).

Imaginemos entonces el diálogo y demás yerbas de un galán de cuarentena, en plan de echarle su caballería romántica a la presa elegida:

—¡Bella dama!, qué suerte tan sortaria ver tu imagen divina en la sección de flores de este súper, donde resaltan los pétalos de tu maraña de pelo. ¿Podrías otorgarme la venia arteria para asesorarte y así lograr que tus compras no sean nerviosas?

—Claro que yes, pero te advierto que no me gusta que me echen carros…ni carritos de automercado. ¡Dale!

—Primero que Toddy, debo presentarme: me llamo Johnnie, como Johnnie Walker, a tus órdenes y desórdenes. Soy oriundo de Escocia pero desde muy pequeño viví en El Muco, un resort cerca de Cumaná, y por eso no se me nota nada el acento inglés. Ejerzo, inmodestia aparte, varias profesiones: influencer, youtuber y coach en distintas redes donde caen muchas clientas.

—Y yo me llamo Juana, como la harina. Mi apellido es Holsum, nací en la ciudad de Colonia, Alemania, pero me crié en la Colonia Tovar y por eso ahora mi apellido es Tovar. Antes trabajaba en la tele y hoy me dedico al tele-trabajo desde la casa.

—¡Qué coincidencia, mi cielo, que ambos nacimos en el extranjero!, así ya no tendremos que emigrar a ninguna parte del mapamundi de este continente. ¿Cuáles múltiples ofertones y/o productos deseas adquirir?

—Pollo, repollo y un rollo de papel tualé; además, dos plátanos de este tamaño y un jarabe para ir al baño. Agrégale papitas, vainitas y hallaquitas; pero antes acompáñame, plis, a la licorería porque necesito repotenciarme durante el encierro.

—¡Lo que tú mandes, mi reina! Estás hablando con el propio porque yo en materia etílico-alcohólica soy un caballito desenfrenado, un Cacique 500, un “pecho cuadrado”, un producto Estelar, o sea, un Cinco Estrellas que nunca te dejará Solera.

(Al cabo de las compras, Johnnie y Juana terminan en la sección de la carne, y el seductor aumenta su ataque porque el local pronto cerrará sus puertas, aunque todavía suena una música de gran empatía para los empates).

—¡Mija adorada!, tu punta trasera me tiene loco, eternamente serás una linda chama pues vaca chiquita siempre es novilla, se nota que posees sesos en abundancia y un hígado inmejorable. Me da lomo y lomito lo que pienses de mi atrevimiento: quiero ser tuyo y a la inversa, dame tus coordenadas para enseguida coordinar una cita…

—¡Ay, chico!, eso si no va a poder ser, porque me cortaron la línea del celular, hace cinco gigas que no tengo Internet y el intercomunicador de mi edificio se incomunicó él mismo por una falla rarísima a nivel de los electricistas. Lo que queda es vernos aquí el otro viernes, chao, chao, muá, muá.

(Se despiden y Juana Tovar o Juana Holsum parte rezongando para sus adentros: “¡Qué pureto tan chimbo y fastidioso, no me lo calo más! Gasté burda de plata y perdí mi tiempo. El viernes me voy para el Mercado de Coche o de Quinta Crespo, ojalá consiga algo bueno y barato, o sea!”)

Igor Delgado Senior