Cuentos del Arañero | Cronicas de Pelota

0

Batear pa´l topochal

A veces uno era palo y palo. Cuando un equipo está perdiendo diez a cero, les entran a palo a todos los pitchers; el equipo se desmoraliza. Aquellos juegos se convertían en una masacre, pues. Por eso pusieron el nocaut, ¿no? En la pelota sabanera a veces uno metía 40 carreras. Adrián frías, mi primo, al que llaman “el Guache”, era el más grande de todos nosotros e impuso la norma de que cuando la pelota se pierde en el topochal, pues uno da carrera y carrera hasta que aparezca. Adrián era vivo porque, como es zurdo, bateaba para el lado del topochal.

Nosotros éramos una pila de carajitos, como de diez y once años, y ya él era un muchacho de catorce. Como yo soy zurdo también aproveché la regla esa. Uno bateaba con una tablita así, ¡pum!, pa’l topochal. Una vez anoté como 12 carreras; no aparecía la pelota, había caído encima de una mata de topocho y mi hermano Adán buscando la pelota. Adán también es zurdo, así que también bateaba para ese lado del topochal.

_________

El “Látigo” Chávez

Nunca olvido que ese fue uno de mis sueños. Detrás del ejemplo del “Látigo” Chávez. Isaías Chávez, a quien yo admiré tanto y que murió en el año 1969 cuando iba hacia las Grandes Ligas. El “Látigo” tenía 23 años cuando cayó aquel avión, allá en Ziruma. Era un domingo, me levanté un poco tarde. A mí se me vino el mundo. Tenía, catorce años y el sueño de ser como el “Látigo” Chávez.

En ese tiempo uno no veía televisión. Uno oía los juegos por un radiecito de pila. Nos poníamos en grupo los vecinos a oír el juego. Yo le seguía la pista al “Látigo” en una revista llamada Sport Gráfico. Al “Látigo” Chávez lo operaron de una calcificación en el codo del brazo de lanzar, comenzando el 68. Así que en esa temporada no jugó. Iba al dogaut y aparecía por ahí. De vez en cuando trotaba con el Magallanes. Así que lo extrañamos mucho el año 68, bueno y no volvió. Se fue para siempre.

Una noche, en 1967, jugando contra el Caracas, estábamos ahí en la placita Rodríguez Domínguez, oyendo el juego, caraquistas y magallaneros. Ahí estábamos todos, vecinos y amigos. Mi papá pues, furibundo magallanero. Caracas tenía tres en base sin out. Aquella noche fue de gloria para nosotros los magallaneros y especialmente los chavistas. Resulta que traen al “Látigo”. Era un muchacho, veinte años tenía. Venía de un nacional de beisbol donde representó al Distrito Federal, en Margarita. Allá se ganó el apodo del “Látigo”, porque levantaba muchísimo la pierna, a lo Juan Marichal. Un señor puertorriqueño me dijo: “Yo no recuerdo cómo se llamaba aquel muchacho, pero le decíamos ‘el Juan Marichal venezolano”, en Dominicana, en Puerto Rico, en todo el Caribe.

Entonces al “Látigo” Chávez lo traen a relevar, creo que en un quinto inning. Tres en base tenía el Caracas y venía la toletería. Imagínate tú: Víctor Davalillo, José Tartabul y César Tovar, que en paz descanse. Ese era el trío. Y el “Latiguito” los ha ponchado a los tres en fila. Nunca lo olvidaré. Nosotros pegamos gritos aquella noche. Terminamos peleados con los caraquistas en la esquina.

_____________

Dice una voz popular…

Hugo Rafael Chávez Frías (Sabaneta de Barinas, 1954 – Caracas, 2013) entró formalmente en la historia venezolana un 4 de febrero, del que hace poco se cumplieron 29 años, para quedarse en ella por siempre. Pero el personaje que en esa fecha irrumpió atronadoramente en la vida pública del país había transitado un extenso camino desde su humilde origen en un pueblo de nuestro llano hasta el umbral de la eternidad. La trepidante y variopinta trama de su itinerario personal quedó fijada al detalle en su mente, como una extensa red de episodios vitales, sueños y añoranzas de redención para su pueblo.
De palabra facilísima y memoria prodigiosa, Chávez fue el relator de su propia vida, en primera persona. Y lo hizo con sabiduría, sensibilidad, humor y pasión. Fue, sin duda, un excepcional cultor de la oralidad, el hilvanador de un anecdotario que entremezcló historia personal con los innumerables avatares de una nación y su proyección hacia un devenir más justo, solidario y humano.
La familia, la infancia, el beisbol, los sueños de juventud, las querencias, la firmeza y el compromiso indeclinable con su ideal de patria son solo algunos de los temas y las pasiones que frecuentó Chávez en su discurso llano, certero y esencialmente humano, que los periodistas Orlando Oramas y Jorge Legañoa compilaron en Cuentos del Arañero y del cual hoy reproducimos cuatro fragmentos, como recordatorio del octavo aniversario de la partida física del Comandante Eterno.