ASÍ DE SENCILLO | Ser

Maritza Cabello

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Compartió por muchos años una habitación con cinco hermanos. Dos literas y una cama, que se convirtieron durante la infancia en casitas, edificios, puentes, castillos, hasta que la madre daba la orden “¡apaguen la luz!”.

En la adolescencia, cada uno de los integrantes del cuarto, colocaba en su pedacito de pared, el afiche de su afición favorita o del artista soñado.

Largas conversaciones fluían en las noches o peleas que terminaban en el “¡Apaguen la luz” de la madre.

Él, salió de la casa, no casado, no por molestias, discordia o emigración.

Salió buscando un espacio que se pareciera a él, donde nadie le cambiara los objetos de lugar, donde encontraba fácilmente la franela de ese día.

Un espacio dónde sentirse libre de Ser.

Dormir hasta que quisiera o trasnocharse, porque la serie o el chat es apasionante.

Un espacio donde se escuchara el silencio o solo su música favorita.

Donde su amante camine su desnudez sin reproche.

Un espacio que llevara su nombre, su olor, donde se respire libertad.

Que alegría le produjo lograrlo. Así pagara renta, luz, agua, telefonía, Internet. La adultez implica responsabilidades.

Estar en su lugar soñado, decorarlo, limpiarlo y cuidarlo le producía un gozo inexplicable. Era una sensación de placer y satisfacción mezcladas.

Había logrado ser libre, por lo menos en su espacio. libertad para Ser lo que siente y lo que es.

Por eso no comprendía porqué necesitaba decirle al hermano menor: “¡Deja eso!”, o hablar con la mayor durante toda la noche hasta que llegará madre y les dijera:
“¡Apaguen la luz!”.

Maritza Cabello