Candilejas y aplausos | Yanira Albornoz: la periodista que siempre tuvo sentido social

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Siempre portaba una sonrisa que iluminaba su rostro lleno de sabiduría, con esos lentes redondos de metal que reforzaban su mirada cómplice a la hora de discutir algún tema político, comunicacional y hasta amoroso.

Así era Yanira Albornoz, comunicadora y psicóloga social, siempre estudiosa y abierta al debate con sentido crítico y abundante conocimiento.

Este 11 de marzo hubiera estado de cumpleaños y Ciudad CCS le hace un homenaje por su ímpetu y por los aportes que dejó en el periodismo y en la Escuela de Comunicación Popular, espacio para el encuentro y el intercambio de conocimientos que lleva su nombre como homenaje de la Fundación y por ser una de las principales impulsoras del proyecto.

Mercedes Chacín, directora de este periódico, la recuerda como muy profesional y científica: “Siempre buscaba la manera de darle soporte a todo lo que decía por una encuesta de opinión o de investigación de campo. Cuando la gente afirmaba algo con seguridad, ella solía decir: ‘¿y en qué encuestadora te dijeron eso?’”. Y es que para Yanira si no era verificable, pues sencillamente era una opinión de la otra persona. Y ya.

Sí. Era inquisidora en eso de verificar muy bien lo dicho. No perdonaba un desliz, como toda comunicadora, pues era meticulosa en eso de que con opiniones no se puede construir una noticia. Y en eso muchos periodistas estamos de acuerdo. Por eso siempre fue vista como una mujer muy equilibrada. Se basaba en estudios, investigaciones, datos. Adoraba el periodismo de precisión con realidad científica, con cifras, pues para ella era la única manera de desmentir las noticias falsas.

Fanática de los estudios

Yanira era muy estudiosa: se graduó de licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual en 1992, aunque las letras terminaron atrapándola.

Luego hizo una especialización en Intervención Psicosocial y una maestría en Psicología Social (todo en la Universidad Central de Venezuela) hasta que logró su doctorado en Representaciones Sociales y Comunicación en la Universidad La Sapienza, en Roma, Italia.

Chacín señala que todos estos estudios le daban esa seguridad al hablar acerca de cualquier tema. “Una le decía: ‘eres terca’, pero no era eso, es que tenía los pelos en la mano. Siempre estaba segura de lo que decía, sobre todo en políticas comunicacionales, la realidad comunicacional del mundo”.

Su mayor compromiso desde el punto de vista periodístico, fue levantar una página web en el Ministerio de Comunicación e Información (Minci) que se llamaba hoyvenezuela,en la que hizo un esfuerzo extraordinario por informar lo que ocurría en el país para el mundo. Y es que si no conocía algo, pues se metía de fondo a estudiar para hacer bien el trabajo. No había medias tintas y, por eso, averiguó todo lo que tiene que ver con las tendencias, algoritmos y más. Era adelantada en todo.

Y, aunque se interesaba mucho por la academia, siempre buscaba una mirada no académica y la comunicación popular: “Estaba muy pendiente del ser humano, del individuo, y aunque era fanática de los estudios le molestaba la gente academicista. Lo tenía todo muy claro”, recuerda Chacín.

Y así como era estudiosa en la comunicación, también era buena en los idiomas: hablaba portugués, inglés e italiano.

Cantante, melómana y hasta choferesa

Amigos y familiares la recuerdan como una mujer de convicciones fuertes, muy amorosa, cariñosa, que regalaba muchos abrazos. No decía todo el tiempo “te quiero”, pero lo demostraba con los hechos.

Mercedes Chacín le decía Janis, y denomina ese amor y esa amistad como inmortal: “Era alta pana. Buena consejera. Casi nunca se equivocaba”.

Era la segunda de cuatro hermanas, que crecieron en Ruperto Lugo, Catia.

“Estudió en el Instituto Técnico Jesús Obrero, donde se graduó en educación media de computación. Su primer trabajo, quedaba por la avenida Urdaneta y su segundo empleo fue en el Metro de Caracas”, recuerda Yuraima Albornoz, su hermana.

De hecho, Yanira fue la primera mujer que manejó un tren del Metro y hasta salió un trabajo acerca de ella en un periódico de circulación nacional. “Allí duró unos cuatro años, se independizó y se mudó”, cuenta Yuraima.

Su vida también giraba en torno a la música: estudió flauta traversa con Toñito Naranjo, de El Cuarteto, en la Escuela de Música Lino Gallardo, y eso siempre lo decía con orgullo.

También cantaba en la Schola Cantorum de Caracas y en la Cantoría Alberto Grau como contraalto. Con ambas instituciones viajó por el mundo.

Y no sólo le gustaba la música académica y clásica. También tenía su “guaguancó” con la salsa, que le encantaba bailar, y era amante también de la música venezolana. La cantaba y tocaba el cuatro. Siempre era un “bochinche”, extraordinaria, inteligente. Entregada a sus amigos y a su familia. Era apasionada y con mucha sensibilidad. Buena cocinera y hasta esotérica, como buena pisciana que se enorgullecía de decir.

Así la recuerdan sus amigos y familiares. Con sólo ver su perfil en Facebook y los mensajes de amor que aún le envían, se puede evidenciar la calidad humana de Yanira, quien se fue de este plano en agosto de 2017, pero queda su enseñanza de buena colega, hermana y amiga.

Ciudad Ccs / Rocío Cazal
rociocazal@gmail.com