VITRINA DE NIMIEDADES | Peligros que alzan vuelo

Rosa Pellegrino

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“Yo también recuerdo con nostalgia
el último fin de semana normal de hace un año”
@CoronaVid19

No sería para tanto, o eso pensábamos mientras nos alistábamos para la temporada “en casa” que nos patrocinó el covid-19 hace un año. Al principio, nos embargó esa ilusión de recuperar el tiempo, que muchos invirtieron en estudiar y trabajar en casa, si se tenía esa fortuna, para vivir luego en una montaña rusa (Spuknit V, no es contigo) que hoy se acelera con la variante del virus que se descubrió en Brasil. Pero, a la par, se han hecho virales algunos entuertos que no tienen vacunas: las confusiones que se alimentan en las redes sociales, donde creímos refugiarnos este tiempo.

No hay que echar muy atrás en el calendario para conseguir algunos enredos. Hace dos semanas, una influencer comentaba el destino de su salud ginecológica al mencionar el precio de una consulta médica especializada: 60 dólares. Le salió gratis volverse tendencia, gracias a la palabra que usó para hablar de su área genital (basta con decir “catalina” para que no se asuste la gente de buen hablar). Vaya vuelco dio esa discusión, porque no importa asomar una realidad que no es nueva, que queda un tanto soslayada ante la emergencia sanitaria que vivimos; menos aún los comentarios sexistas de algunos hombres, sino evitar sonrojos. Quién sabe cómo estarían los cachetes de Andrés Bello, donde quiera que se encuentre.…

Pero la gloria de ser tendencia no se la llevan únicamente las “malas palabras”. A 365 días de alcohol antiséptico y tapabocas, también le llegó el turno a una cadena de farmacias, que se había comprometido a entregar vuelto en divisas y revisar los precios de sus productos. El asunto, finalmente, se convirtió en un tribunal donde el problema es el comprador, que lo quiere todo papita y no resuelve. Por un rato, se olvida que uno puede ir a la farmacia en medio de una emergencia, corto de dinero, tratando de salir de un verdadero problema. Pero eso no es problema de las tiendas. Amnesia pandémica, así la llaman.

Semejante desmemoria también deja víctimas de carne y hueso. Alberto Medina se convirtió en uno, cuando decidió auxiliar a una guacamaya que estaba malherida, consultar dónde le podrían dar atención veterinaria al ave y terminar trasladándose al Parque Generalísimo Francisco de Miranda, en Caracas. No se imaginaba que, mientras trataba de salvar al animal, ya era juzgado en redes sociales por tráfico de especies silvestres.

Mientras ese hombre inocente salía de ese berenjenal, usuarios de redes sociales se convirtieron en investigadores penales, fiscales y jueces, con una fuerza que hizo actuar a las autoridades. ¿El resultado? Una persona sometida a un mal momento, por decir lo menos, a pesar de las disculpas en redes. Siempre habrá unos desprevenidos que seguirán pensando que es un desalmado.

Así como estas situaciones coparon las redes, sería extraordinario que se convirtieran en tendencia explicaciones sencillas y didácticas sobre la etapa en la que nos encontramos: qué nos garantizan las vacunas, por qué debemos seguir cuidándonos y cuándo podríamos pensar en volver a esa locura que llamamos “normalidad”. Solo que, cuando importa más creer tener razón que la calidad de la discusión o la veracidad de lo dicho, parece que los peligros alzan vuelo.

Rosa Pellegrino