LA ARAÑA FEMINISTA | Feminismos desde África

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Ideas que insurgen contra la universalidad eurocentrada nos llegan de África, en la voz de Oyèrónke Oyewùmí, quien en su libro La invención de las mujeres, cuestiona la aplicación automática de la categoría occidental de género a las comunidades Yorùbá. Denuncia que los estudios africanos se han desarrollado bajo esquemas occidentales que se pretenden universales, obviando el dominio colonial, sin profundizar el periodo del comercio esclavista transatlántico y sin considerar las diferentes culturas y pueblos que viven en el continente.

El discurso feminista occidental es sensible a África, pero acercándose a las mujeres africanas con una posición de “soy más emancipada que tú”. Y basándose en los cuerpos para construir las diferencias y la categorización como “otros” que agrupa a mujeres, primitivos, africanos, pobres, etc.

En el pensamiento europeo, dice Oyèrónke, las mujeres son cuerpos, mientras que los hombres son razón: “La jerarquía y las diferencias fueron consagradas en los cuerpos y los cuerpos consagran las diferencias y la jerarquía”. En el pensamiento occidental, la construcción social y el determinismo biológico son dos caras de la misma moneda. Y esta manera de pensar, mediante el colonialismo, se extendió por el planeta.

Por el contrario, en África, sostiene Oyèrónke el género se construye socialmente porque las categorías de macho y hembra varían de contenido en diferentes culturas.

En la sociedad Yorùbá del sudoeste de Nigeria el cuerpo no se usa como base para la clasificación social, la variable ordenadora es la edad cronológica.

Previamente a la colonización de Occidente, el género no era un principio organizativo de la sociedad Yorùbá. La división del trabajo no ocurría por género sino por linaje, por ejemplo, la caza era una vocación familiar, hombres y mujeres usaban armas por igual. La educación de las criaturas no era una experiencia individualizada transferida únicamente a las madres. En la sociedad Yorùbá, las mujeres fueron las responsables del comercio y su expansión.

La costumbre y la práctica colonial surgieron de una visión del mundo que creía en la superioridad absoluta de lo humano sobre lo no humano o lo subhumano, de lo masculino sobre lo femenino… y de lo moderno o progresista sobre lo tradicional o salvaje.

El colonizador distinguió entre los cuerpos de los machos y los cuerpos de las hembras y actuó en consecuencia: las mujeres fueron excluidas de la esfera pública colonial, no elegibles para el liderazgo ni para poseer tierras, a pesar de que en la víspera de la colonización había jefas y funcionarias por todo el territorio Yorùbá. La colonización impuso la desigualdad del sistema de raza y de género.

Revisitar el pensamiento de Oyewùmí es útil para pensarnos, pensar en los feminismos que construimos, que desplegamos, en los cuales nos ejercitamos y sobre todo, cómo podemos abonar al complejo proceso de descolonizarnos.

Por Alba Carosio
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