BASTANTE HISTORIA HAY AQUÍ | Carabobo, lugar de memoria

Pedro Calzadilla

0

Carabobo es más que una batalla, más que una campaña militar, más que un hecho histórico… Desde muy temprano en el complejo proceso de fragua política y cultural de la nación, Carabobo salió de los libros y documentos y encarnó en los afectos colectivos del pueblo. ¿Alguien puede dudarlo? Desde el propio siglo XIX alimentamos los sentimientos de la venezolanidad con las imágenes surgidas de la gesta de 1821. Sea como obra de la tradición oral, de los discursos políticos, de las acciones conmemorativas o de la historiografía, nuestra memoria colectiva ancla su existencia en ese momento genésico y libertario. ¿Cómo sucedió? A partir de las políticas culturales del guzmancismo se formaron de “lugares de memoria” alrededor de los cuales se ordenó nuestro imaginario sobre la “Batalla de Carabobo”. Por el importante rol que estos “espacios” simbólicos desempeñan en la suerte de nuestra existencia colectiva vale la pena tenerlos presente; ahí van algunos.

Un libro como pocos en la historia intelectual del país han influido tanto como Venezuela Heroica escrita por Eduardo Blanco en 1881, en vísperas de la conmemoración del Centenario del natalicio de Bolívar. Texto emblemático de la historiografía romántica (incómoda tanto para la crítica literaria como para la historiográfica) el escritor construye el relato fundamental que alimenta la representación de la guerra de independencia y en particular de la Batalla de Carabobo. Las descripciones y anécdotas, el heroísmo, el sacrificio, la gravedad del momento, el fragor de los combates, la emocionalidad de la epopeya, todo está allí. Invisible la impronta de Venezuela Heroica llega hasta el siglo XXI y pervive entre nosotros.

Un personaje histórico, Pedro Camejo, cobra existencia justamente en la obra de Eduardo Blanco. De allí surge la anécdota principal que hilvana nuestra memoria colectiva. “Mi general, vengo a decirle adiós porque estoy muerto”; la frase troca en “lugar de memoria”. Carabobo es por sobre todas las cosas, el “Negro Primero”, abatido en combate. Ahí se compendia toda la emoción y el estremecimiento de la patria. Nace así un entrañable personaje que simboliza la participación de las mayorías esclavizadas, empobrecidas y excluidas en la guerra de independencia. La frase –real o ficticia- pronunciada por el llanero signa el pálpito de los corazones de todas y todos nosotros.

Una obra pictórica de Martin Tovar y Tovar titulada Batalla de Carabobo (1888) terminó de sujetar el imaginario popular a la representación visual. ¿Cómo fue la batalla? Nadie lo dudaría, acaeció como lo expresa la colosal pintura que adorna el techo del Salón Elíptico del Palacio Federal Legislativo. Bolívar y su Estado Mayor en el cerro Buenavista dirigiendo las operaciones, Páez comandando una arremetida de los llaneros, el Batallón de Cazadores Británico avanzando sobre el enemigo, el instante de la muerte de Plaza y Cedeño y vestido de uniforme rojo, Pedro Camejo, “Negro Primero”, yace sin vida en el campo de batalla. Las imágenes se ordenan en tumulto, longevas.

Un monumento, el Arco de Carabobo representa bien el acontecimiento y es como si siempre hubiese estado allí. Fue inaugurado en 1921 bajo el gobierno de Juan Vicente Gómez con motivo de la conmemoración del primer centenario del hecho bélico. Desde entonces decimos Carabobo y de inmediato se agolpan las imágenes del campo y especialmente del Arco presidiendo el lugar donde hace doscientos años el pueblo venezolano venció definitivamente al rey de España. Como tantos otros monumentos erigidos durante esos años, el Arco de Carabobo, símbolo de independencia, se construye por orden del gobierno más desnacional y entreguista a los intereses de las trasnacionales petroleras. Pero eso ya dejó de importar; hoy en día su imagen congrega a todo un pueblo.

Un libro, un personaje y su anécdota, un cuadro, un monumento… “lugares de memoria” de un pueblo, signos de su identidad, enriquecidos y vueltos a visitar en el siglo XXI, en medio del desafío de hacer buena hoy el lema de hace doscientos años: “independencia o nada”. Carabobo sigue abierto, victoria perenne.

Pedro Calzadilla