DATE CON LA CIENCIA | ¿Estamos más seguros?

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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Expertos insisten en que, mientras se termina de masificar la vacunación anti-SARS-CoV-2, hay que cuidarse al máximo

“La plaga no está hecha a la medida del hombre,
por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal,
es un mal sueño que tiene que pasar.
Pero no siempre pasa,
y de mal sueño en mal sueño
son los hombres los que pasan,
y los humanistas en primer lugar,
porque no han tomado precauciones”.
Albert Camus, en La peste

Hace un año, el presidente de la República anunciaba la aparición en nuestro país de los primeros casos confirmados de pacientes contagiados con el SARS-CoV-2, virus causante de la COVID-19. Desde ese momento, se empezaron a tomar medidas que algunos consideraron prematuras. La realidad mostró que fueron acertadas y permitieron mantener una curva de contagio y de fallecidos bastante más baja que la de países vecinos, Europa y EE. UU.

Al momento de escribir esta columna, el número de contagiados con el virus a nivel mundial sobrepasa los 124 millones, mientras que el número de fallecidos ronda los 3 millones.

EE. UU. mantiene el mayor número de contagios y de fallecidos, con más de 30 millones y medio millón, respectivamente. Nuestro vecino Brasil, con un 3 % de la población mundial, acumula el 10.3 % del total de muertes (más de 300 000) y un 10 % del total de contagiados (por encima de 12 millones), siendo la nación latinoamericana más golpeada por la epidemia. Ambos países se caracterizan por mantener Gobiernos neoliberales, con mandatarios ignorantes que han subestimado los riesgos de esta enfermedad y que incluso niegan o negaron su existencia. Una situación terrible que ha causado dolor y tragedia en ambos pueblos, y pone en peligro al resto de la humanidad.

Venezuela, por el contrario, para el día 374 de la pandemia sumaba 153 315 personas infectadas (93 % de ellas ya se han recuperado) y 1521 fallecidos.

El SARS-CoV-2 es, probablemente, uno de los virus más estudiados en el corto tiempo, desde su descubrimiento. Su genoma ha sido secuenciado y su estructura es bien conocida. El desarrollo de la enfermedad que produce, la COVID-19, es cada vez mejor entendida. Este saber ha permitido mejorar y adecuar los tratamientos de las personas afectadas. Por otra parte, se han desarrollado vacunas que ya están en proceso de administración en la población.

Las vacunas hasta ahora disponibles son, básicamente, de cuatro tipos: 1) virus atenuados o inactivos; 2) uso de adenovirus como vehículo de la expresión del SARS-CoV-2; 3) uso de nanopartículas como vehículo de dicha expresión; 4) uso del ARN modificado que lleva la información de la proteína de la espiga del virus. El principio básico es introducir en el organismo un elemento que simule la presencia del virus que se quiere combatir, a fin de promover en el cuerpo una respuesta inmune; esto es: la producción de anticuerpos.

Un virus atenuado es cuando se hace un tratamiento que impide la replicación de este agente en el cuerpo humano dejando intactas sus proteínas. La célula humana reaccionará a esas proteínas produciendo anticuerpos. Si, en un futuro, virus activos penetraran, el cuerpo los reconocería y actuaría en concordancia en su contra produciendo su control. La propuesta vacunal Sinopharm producida en China y que se están aplicando en Venezuela es un ejemplo. Tiene una eficacia de 79 % y se aplica en dos dosis, separadas por 21 días. Otras vacunas con el mismo principio son las de Bharat Biotech, de la India; o la Sinovac, de China.

Otra forma es cuando se introduce un virus genéticamente modificado que no hace daño al organismo, mas se usa como vehículo para transportar material genético que expresa las proteínas del coronavirus, en específico las proteínas de la espiga viral. Este agente es incapaz de producir la enfermedad, pero permite al organismo producir anticuerpos capaces de atacar a verdaderos coronavirus que pudieran infectar en un futuro. Los virus usados en estos casos son los llamados adenovirus. La vacuna producida por los laboratorios rusos Gamaleya, bautizada como Sputnik V, es un ejemplo. Tiene una eficacia de 91 % y es aplicada en dos dosis, separadas por 21 días. Estas también se están usando en Venezuela. Otra vacuna que usa el mismo principio es la de una sola dosis desarrollada por Johnson & Johnson.

Un tercer tipo de vacuna son las proteicas, aquellas que en lugar de usar adenovirus como vehículo de las proteínas del coronavirus, usa nanopartículas. Las nanopartículas se inyectan en la persona con un adyuvante que ayuda a que la respuesta inmunológica se dé, sea un poco más fuerte y más eficiente. Al inyectar esta vacuna en la persona, los anticuerpos se generan única y exclusivamente contra esa proteína que se está inyectando. Un ejemplo es la Novavax.

El cuarto tipo de vacuna usa el ácido ribonucleico (ARN) del virus modificado químicamente, como lo vemos en las propuestas de los laboratorios Moderna y la BioNTech/Pfizer. El ARN mensajero es cubierto con una especie de cápsula lipídica, la cual le permite fusionarse con la célula y liberar el material genético en el interior de ella; el ARN se muestra a los “policías celulares” y se dispara una respuesta inmune en el organismo.

Para que estemos protegidos, la vacunación debe ser global. Mientras se termina de masificar la vacunación, hay que cuidarse al máximo. Increíble o no, el método de contención que ha probado mayor efectividad, hasta ahora, sigue siendo el mismo que se aplicó durante la mal llamada gripe española, hace exactamente un siglo: confinamiento comunitario, distanciamiento físico, uso correcto de tapabocas y lavado de manos. Las variantes brasileñas P.1 y P.2 del nuevo coronavirus han probado ser más transmisibles y cursar con cargas virales más altas, lo que aumenta el número de contagiados y, por tanto, de posibles muertes. Es vital que seamos disciplinados en estas sencillas medidas. No dejemos, como dice Camus, que seamos nosotros o nuestros seres queridos los que pasen.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto