RETINA | La invención del infierno

Freddy Fernández

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El año pasado se fue mi abuela. Hacía poco había cumplido 99 años y nos dejó en tiempos de pandemia, aunque no por causa de ella. Fue la persona más fielmente católica que he conocido en mi vida. Recuerdo cómo se iba los domingos con su velo a la iglesia.

A mi abuela jamás le habría dicho que el infierno parece haber sido instituido como dogma de la iglesia cristiana en el primer Concilio de Letrán de 1123 y que se creó, imaginándolo mucho más terrible, a partir de tradiciones griegas que hablaban de la existencia de un inframundo.

Ella vivió convencida de que la Biblia había sido enteramente escrita por Dios y seguramente no estaba interesada en escuchar lo que yo iba acumulando en mis desordenados intentos por comprender de dónde habían salido nuestras creencias.

Peor si yo intentaba explicarle que era muy contradictorio que en el Nuevo Testamento se proclamara el amor como conducto esencial de la fe y que a la vez se inventara una ardiente condena eterna en el infierno.

A mi abuela todo esto le habría sonado a pecado, como intuía que podía ser calificada cualquier cosa que la iglesia calificara de blasfemia. No le habría importado que yo le mencionara los muy serios estudios realizados por profesores de Europa y Estados Unidos para fechar y contextualizar los escritos contenidos en la Biblia.

No creo que mi abuela estuviera dispuesta siquiera a pensar por un momento que el Dios del Antiguo Testamento, capaz de expulsar del jardín del Edén, de mandar diluvios, plagas y ángeles vengativos; no era igual que el del Nuevo Testamento, que ordena a la humanidad amar al prójimo como a uno mismo.

Jamás tuve con ella este tipo de conversaciones o, para ser más preciso, las tuve siempre sin que ella estuviera presente, porque su fe y la suave firmeza de su creencia es la más bella imagen de religiosidad que he visto.

Si lo hubiésemos hablado, le habría dicho que no hace falta el infierno y que no puede tener buen corazón quien lo inventa. Nadie que manipule con el dolor y el miedo puede ofrecer un mundo más justo. Le habría tratado de explicar que eso vale tanto para la invención del infierno bajo la tierra como para la invención del terror con “sanciones” y acciones de guerra.

Freddy Fernández | @filoyborde