ASÍ DE SENCILLO | Tocar con los ojos

Maritza Cabello

0

Por fin compró el sofá con el que soñaba a diario, ese por el que trabajó tan duro durante mucho tiempo. Allí lo tenía, en su sala. Brillaba en su blancura imponente. Era el Sol, era todo lo que había deseado.

Ahora sería la locación para los selfies, cada vez que iniciara uno de los libros de moda que nunca termina, pero que sí quedan en las fotos de Instagram y Facebook.

Su casa se verá como la de la actriz que lo promociona en TV.

Nada la ha hecho más feliz.

Hay que cuidarlo.

“¡Que nadie se siente!” -Expresó con determinación.

Entonces, buscó un forro de tela. ¡No! No era suficiente. Le iba a entrar polvo.

Nerviosa lo envolvió en un plástico transparente hasta las patas y luego le puso el forro.

No disfrutaba de su belleza, pero sentía un pequeño triunfo al saber que debajo se ocultaba su maravilloso sofá.

Si un familiar o amigo la visitaba, buscaba una silla cualquiera para ofrecer con amabilidad, antes que al visitante se le ocurriera el sacrilegio de sentarse en su trono personal.

Todo brillaba, todo estaba en su lugar.

Los perfumes en su caja, los zapatos sin estrenar, las copas solo para esa ocasión especial, que por alguna razón no llegaba y su colección de adorno de cristal que estaba prohibido acercarse.

Era su cárcel bonita, solo para “tocar con los ojos y de lejos” -Advertía.

Su casa-cárcel que solo ella sabía limpiar, nadie lo hace como ella. El que entra trae los pies sucios y viene sudado. Debe mantenerse separado de su gran sofá.

Un día enfermó. La dejaron en el hospital por varios días.

Cuando regresó a su palacio desinfectado, vió su sofá brillante y los adornos dispuestos en otro lugar.

Su hija quiso darle una sorpresa, mostrarle lo feliz que estaba la familia por su recuperación. Así que la recibieron con los brazos abiertos y los niños sentados en su sofá desnudo, sin protección… ¡Sin los forros!

Sintió que se le acababa el aire, se mareó y se desmayó.

Todos creen que es una recaída por la enfermedad, no tienen idea de la trasgresión que han cometido.

Ella puede decidir morir ahora o vivir con su sofá sucio, lleno de las huellas de la alegría.

¿Qué hará?

Maritza Cabello