La Araña Feminista | De privilegios cotidianos

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Una de las cosas más complicadas que me ha tocado definir es el concepto de privilegio y aunque en teoría podría decir que es aquello de lo que gozan algunos pocos, me parece que en la realidad es más complicado que eso. El privilegio en principio se ve como el muñequito de Monopolio, el señor de bigotes y traje que amasa una fortuna y oprime a miles bajo su yugo. Pero en este sistema capitalista el privilegio también es tener casa cuando hay miles de personas viviendo debajo de puentes. Es comer tres veces cuando un alto porcentaje come solo una vez. Es salir a una fiesta sin el miedo de que te vayan a agarrar y violar entre 5 tipos que se supone eran tus amigos. Es que cuando salgas a denunciar no te echen la culpa por la falda, por el alcohol, por tus malas decisiones. El privilegio es también haber crecido con los libros como fuente de diversión e imaginación y no como un instrumento de tortura. Es haber tenido una infancia en donde te explicaban las cosas en vez de golpearte, para que de adulto no relaciones violencia con disciplina.

El privilegio es también la falta de empatía. Es tener un carro y olvidar lo que era ser transeúnte y más nunca dar paso. Es llegar a un cargo público y olvidar lo que te motivó a estar ahí, de repente la gente “se queja mucho” y “es fake news” cuando la gente dice que tiene más de un mes sin que le llegue agua. El privilegio es decirles a las mujeres “ahora quieren que el Estado les pague su sinvergüenzura” cuando hablan del aborto, porque asumen que quienes abortan son mujeres “promiscuas” y no una variedad de mujeres que por diversas razones han sido obligadas a tener sexo (léase violencia patrimonial y económica para más información). También es creer que los niños son un castigo y que las mujeres que disfrutan de su sexualidad merecen ser castigadas.

Tener privilegios en una sociedad capitalista y patriarcal es carecer de la empatía necesaria para comprender que no todos tuvieron tus padres, ni tus recursos, ni tus oportunidades y llegar tan lejos como para apoyar leyes que castigan aquello que no comprendes, como un robo famélico o un aborto clandestino. El privilegio es ignorar que mi entorno no corresponde a la situación del mundo y que, porque yo no conozca personas pasando trabajo no significa que no existan o que son una minoría. El privilegio es, en esencia, ser incapaz de identificarse con el sufrimiento ajeno.

En todo caso, ¿qué hacer con los privilegios que sí tenemos? ¿Cómo hacer si nací en condiciones favorables? ¿Cómo renunciar a los privilegios? Muchas veces no es necesario renunciar al privilegio, sino saber administrarlo ¿qué significa eso? ¿Eres hombre?, escucha activamente a las mujeres de tu vida, sin interrumpirlas y sin invalidarlas. ¿Tienes capital cultural por tu carrera?, utiliza tus recursos en alguna causa, víctimas de violencia de género, abuso sexual, trata, etc. O si no tienes tiempo, solo intenta soltar tus prejuicios, como dice el dicho, mucho ayuda el que no estorba.