La ciudad comunal (II)

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En esa misma línea de análisis, Trina Borrego, en su trabajo para este volumen (¿De dónde viene nuestra cultura venezolana?) señala el compromiso de la Revolución Bolivariana, desde inicios del siglo XXI, por rescatar lo que considera “es idéntico a nosotros”, lo que la autora ve como necesario para que se dé la identidad histórica y cultural de la población caraqueña. Para ello señala que es importante rescatar las principales raíces históricas, comenzando por las manifestaciones culturales de los pueblos originarios, recuperando la significación de aquellos elementos culturales que se han mantenido hasta la actualidad en las áreas de alimentación, vivienda, idioma, salud, creencias, ritos y mitos. Todo ese compendio de manifestaciones culturales, dice Borrego, fue conservado y transmitido mediante la oralidad; asimismo señala que es reproducido en la cotidianidad de los que sobrevivieron.

Servando García Lugo analiza teóricamente y de manera crítica, en su excelente trabajo Producción del hábitat, metabolismo social y espacio físico, el proceso del metabolismo social capitalista del Estado neoliberal burgués para influir sobre la base o estructura, la interfase operativa necesaria que posibilita legal y políticamente la reproducción del hábitat por parte del poder económico del capital, de manera antagónica a como lo hace el socialismo bolivariano. Por esas razones, dice García Lugo, se necesita implementar cambios sociopolíticos que posibiliten, en el contexto actual venezolano, la transición hacia una sociedad comunal, particularmente la consolidación concreta en un Estado revolucionario que promueva, acompañe y materialice las condiciones necesarias para el surgimiento del poder popular en las comunidades organizadas, poder transformado en fuerza de trabajo capaz de autogobernarse y que, al mismo tiempo, se asuma como poder transformador de la realidad material e inmaterial y por consiguiente del hábitat donde se desarrolla su vida cotidiana.

Particularmente interesantes nos resultan sus provocadores conceptos derivados de la teoría expuesta por Lefevre sobre el espacio del “espíritu nuevo de lo comunal”, y su explicación de cómo la dinámica consustancial al metabolismo social “llega a poder eliminar todo lo que es contrario al bien colectivo”, puesto que “existe correspondencia mutua entre las contradicciones espaciales y las sociales” al ser el espacio consecuencia de lo social.

Asimismo, coincidimos plenamente con el acento que coloca en la concepción de la “hegemonía cultural” como forma de dominación de una clase social sobre otra.

Según García Lugo, la ciudad comunal gestiona el espacio físico colectivo desde el poder popular y lo trasciende; dicho espacio, que es pensado, construido y gestionado por la comuna, está impregnado de su espíritu, por lo cual no puede ser considerado como una mercancía, como un valor de cambio. Por esta razón, dice, la ciudad comunal tiene que ser contrahegemónica a la ciudad alienante que existe en la actualidad. Y por esa condición, añade, en ella no hay cabida para el desarrollo de la economía capitalista.

Nicanor Cifuentes, en su trabajo Tensiones que afectan/desafían el logro (por escalas) de la(s) ciudad(es) comunal(es), analiza el impacto que ha tenido y sigue teniendo el metabolismo de la sociedad capitalista en el desarrollo de las ciudades, colocando como ejemplo el valle de Caracas en donde, a partir de inicios del siglo XX, la expansión de los espacios construidos por la acción de la empresa privada transformó el suelo en una mercancía. Dice Cifuentes que ese hecho, que ha impactado negativamente a la ciudad, es responsable, además, por la destrucción de las cuencas hidrográficas y de las fallas en la gestión pública del agua. Por otro lado, el crecimiento de la ciudad no ocurrió, para Cifuentes, en el vacío sino en detrimento del espacio natural del valle de Caracas; se contrajeron los espacios de la flora y la fauna, se alteró el régimen de los recursos hídricos, superficiales y subterráneos, e incidió negativamente sobre su disponibilidad al modificar los parámetros ambientales en general. Por otra parte, el autor señala que el proceso de crecimiento y la concentración de la población dentro del Área Metropolitana de Caracas creó una alta densificación de la demanda y consumo de bienes materiales, hecho que dio lugar a otra secuencia de problemas cualitativos y cuantitativos.

Por las razones antes apuntadas, dice Cifuentes, la creación de una ciudad comunal socialista debe partir del conocimiento de todos esos factores, dando espacio a los procesos de gestión popular para la construcción de un hábitat contrahegemónico al espacio capitalista.

En su muy interesante trabajo Del espacio abstracto al espacio social, Carola Herrera analiza el proceso de crecimiento y transformación urbana de Caracas, desde las primeras décadas del siglo XX, en el marco del rentismo petrolero. Dicho proceso, apunta, ha definido un tipo de espacio abstracto en cuya construcción se excluyen los sujetos y sus necesidades sociales y espaciales, planificados a partir de políticas económicas capitalistas y neoliberales que tienen como finalidad generar la producción de plusvalía y la acumulación de capitales para beneficio de una minoría, proceso que reproduce un desarrollo urbano socioespacial desigual.

A la par del primero, dice Herrera, se desarrollan espacios sociales en los cuales se incluye a los sujetos y sus necesidades sociales y espaciales, planificadas a partir de las políticas económicas de corte socialista. Su construcción, vivida como parte de la lucha de clases, se considera como medio para solventar deudas históricas y alcanzar la justicia social.

Las consideraciones anteriores animan la discusión sobre Caracas como ciudad comunal como parte del tránsito del sistema capitalista hacia la construcción del socialismo bolivariano del siglo XXI. La ciudad comunal, en este sentido, sería para Herrera una forma de gobierno popular, institucionalizado y territorializado, unos espacios sociales de la Caracas revolucionaria asumidos y apuntalados por la Alcaldía de Caracas (Municipio Bolivariano Libertador), atendiendo a los desafíos de la planificación y autogestión en lo económico, político, social, territorial y cultural. En ella se enfatizaría la producción del espacio como medio para superar las diferencias sociales en la ciudad.

Mario Sanoja Obediente / Iraida Vargas-Arenas / Cronistas de Caracas