Parroquia adentro | La esquina de Palo Grande (y III)

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Aproximadamente hasta finales del siglo XIX, las plazas públicas fueron utilizadas como centros de ejecución para cuanto delincuente o conspirador estuviera en boga. Registro de ello lo tenemos en las plazas de la parroquia San Juan.

Cuenta un cronista que cercano al lugar, donde existe aún una brusca curva conocida tradicionalmente como “La Vuelta del Pescozón”, ahí donde hoy se ubica el hospital “Miguel Pérez Carreño”, merodeaba una peligrosa banda de ladrones de camino. Varias diligencias fueron asaltadas en esa ruta conocida como “Carretera a los Valles de Aragua”. Pronto la madriguera quedó descubierta, los malhechores fueron apresados y los jefes fueron fusilados en “Palo Grande”.

En esta última entrega de crónicas sobre la esquina de Palo Grande invitamos a los lectores a buscar en las redes aquella nostálgica canción interpretada por la Billo’s Caracas Boys titulada Sueño Caraqueño, pongan atención en la tercera estrofa donde dice “Perecito en Palo Grande ya no está”. Pero, ¿quién era ese tal Perecito?, nuestro desaparecido periodista y locutor Otto Antillano nos relata que, a decir verdad, eran dos “Perecitos”, el primero de ellos hacía vida en muchos botiquines de la clase media, donde se le conocía como un personaje charlatán y bregador para que le invitaran un trago, característica que le mereció el apodo de “Jesucristo”, pues muy convenientemente estaba en todas partes.

El segundo Perecito, al cual queremos referirnos, se llamó José Antonio Pérez Flejel, laboraba en el exclusivo bar La India ubicado de Gradillas a Sociedad. Bajito y barrigón, era un hombre atento, buen conversador, sabía reír y era un referente para lo que a “Atención al Público” se refiere.

“Perecito” ahorró suficientes propinas y decide abrir un bar a tan solo una cuadra de “La India”. Al poco tiempo, y no pudiendo cautivar a la distinguida clientela en disputa, tuvo que cerrar el local. Como última apuesta decidió emprender con un local al borde de la hoy Iglesia Nuestra Señora de Lourdes. En horario de 24 horas al día, Perecito despachaba tostadas para todos los gustos, haciéndose en poco tiempo referente en toda la ciudad, pero fue su invento la razón por la que todos lo visitaban, “El Coctail Chileno”, mezcla de aguardiente, leche, huevos y azúcar; bebida espirituosa que seguramente lo inmortalizó en las líricas de la Billo’s.

Parroquia Adentro:
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