CRÓNICAS Y DELIRIOS | A Luis Britto García, ¿nuevo noble nobel nuestro?

Igor Delgado Senior

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Luis, ¡amigo desde los años de siempre!, ésta no es una carta abierta ni un correo remitido a través de las vías de penetración electrónicas, sino la manera de hablarte frente al espejo de los lectores. Costumbre cronicaria, modo de periódicos antiguos.

Ayer o cualquier otro día de áspera pandemia, vi en el contexto de un programa de televisión que exaltaban tu nombre y tu bagaje: “Luis Britto García, el intelectual latinoamericano más completo de esta época”. Y yo asentí, solidariamente, desde la soledad nocturna y felicité en directo a esa foto tuya que enmarca el atisbo de una media sonrisa. Punto y no te apartes.

Comenzaron entonces los recuerdos a girar. El almanaque con paisajes de Cabré indicaba noviembre de 1959 (el año anterior había caído la dictadura de Pérez Jiménez), y yo apenas empezaba la carrera de Derecho en la UCV, aula 1 de la sección “B”, Elio Gómez Grillo era el profesor de turno, un criminólogo con rostro de pocos chistes. De repente, tocaron la puerta dos jóvenes para que se les permitiese efectuar entre los nuevos estudiantes “un examen psico-vocacional ordenado por el decanato”.

A sabiendas, Gómez Grillo suspendió la clase y los dos jóvenes entregaron las hojas mimeografiadas. Recuerdo con nitidez la primera pregunta: “¿Ha sentido usted su personalidad jurídica?”. No determino a plenitud las otras, pero eran más o menos del tenor siguiente: “¿La Carta Magna fue enviada por el Correo del Orinoco?, ¿Prefiere el título de abogado o un título supletorio?; “¿Quién dijo La ley es dura pero es la ley?, marque con una X, Panchito Riset, Renato El Hermoso o Francisco de Quo Vadis. Está demás decir que salimos de “la prueba”, seguros de que nos habían aplazado… vocacionalmente.

Luego lo supimos todo: los responsables de la chanza a los novicios tenían nombre y apellido: Luis Britto y Jaime Ballestas “Otrova Gomas”, autores además del célebre periódico mural El torturado, con ubicación siempre izquierdista en el pasillo central de nuestra facultad, y a cuya imagen jocoso-política acudían alumnos y profesores de todas las otras disciplinas e indisciplinas, para degustar las agudísimas saetas humorísticas de ustedes dos (Tú, Luis, como dibujante y ambos como autores de las manchetas y leyendas).

En 1962, mi padre Kotepa fundó La Pava Macha y como le dije que dos estudiantes de Derecho tenían gran repercusión con el ingenio mural de El torturado, me pidió que los invitara a incorporarse al nuevo hebdomadario, en el cual ya colaboraban una pléyade de humoristas encabezados por el propio Kotepa, Aquiles y Aníbal Nazoa, Claudio Cedeño, Pedro León Zapata, Régulo Pérez, Manuel Caballero. Y ustedes aceptaron.

Tú asistías con puntualidad a las reuniones de La Pava para escoger colectivamente el material a editarse, siempre dibujando y más escuchando que emitiendo opiniones, pero cuando intervenías demostrabas con creces la cultura acumulada.

Un día, Kotepa, después de la reunión semanal, comentó entre los demás asistentes:

—Ese muchacho Luis Britto no es un ser humano de los normales y corrientes sino un mutante, o sea, una encarnación que trasciende las edades y las épocas.
—Qué razones tienes para opinar eso, Kotepa —inquirimos a coro los presentes.
—Porque siendo tan joven, se ha leído todos los libros de la literatura universal.

Los demás asentimos con beneplácito, pues era cierta tu ilustre sapiencia juvenil, Luis, casi modelo para la semblanza de un personaje del trópico a la manera de Jorge Luis Borges.

Te dedicaste en cuerpo y calma a los ámbitos de una misma acción: reflexionar/escribir, y hasta donde llegan mis cálculos eres autor de más de 80 libros. Nada hay ajeno a tu versatilidad ecuménica, porque ahí están en hilera los diversos géneros y áreas: el cuento, la novela, el teatro, el cine (como guionista de excelencia), la temática jurídica, el poder comunicacional y la contracultura, el ensayo literario, la crónica periodística, y hasta la poesía en algunos escarceos que has mantenido en secreto.

Y como raíz y esencia se hallan tu honestidad y dignidad, tu compromiso con las mayorías de abajo, los senderos de espíritu que se vuelven patria y liberación.

Lo anterior viene a reseña porque un grupo de nuestros intelectuales ha postulado tu nombre, Luis Britto García, para el Premio Nobel de Literatura de este año. Ojalá los académicos de Estocolmo no se hagan los suecos y te distingan con ese galardón, como insigne mutante de las letras que, mutatis mutandis, comparte para buen augurio el mismo apellido García de el Gabo.

¡Así sea!, todo está escrito.

Igor Delgado Senior