LIBROS LIBRES | Oscar Sambrano Urdaneta

Gabriel Jiménez Emán

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Una de las personas a quienes más debo gratitud por sus enseñanzas, apoyo y consideraciones vitales e intelectuales es a Oscar Sambrano Urdaneta. Yo no podía imaginarme cuando cursaba estudios en el liceo “Arístides Rojas” de San Felipe con apenas catorce años de edad, que estudiaría literatura en su libro Apreciación literaria (1960), y menos que iba a conocer personalmente a su autor, cuando tuve la ocasión de ingresar décadas después como colaborador de La Casa de Bello en Caracas, a preparar una antología de El ensayo literario en Venezuela (1998), conociendo allí a un grupo de investigadores que serían decisivos para mi labor, entre ellos al maestro Pedro Grases, intelectual prendado de nuestro país que había venido de Cataluña, España.

Además de profesor de literatura en la UCV y de Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua, Sambrano Urdaneta fue un trujillano jovial, de buen humor, de trato fino y educado, un gran señor. Recibió mi proyecto para preparar la antología de ensayos en cinco tomos y luego me abrió las puertas de la Biblioteca Ayacucho para editar la antología Relatos venezolanos del siglo XX (1984), me invitaba a tomar café y a charlar animadamente en su despacho. De sus ensayos destacan Letras venezolanas (1959), Literatura hispanoamericana (1971), Aproximaciones a Bello (1977), Boconó en el destino de Bolívar (1983) y Seis escritores larenses (1983), además de su prolífica obra sobre Bello que incluye El epistolario de Andrés Bello (1986) y otras obras como Edoardo Crema, maestro crítico (1967), Sonetos fluviales al río Boconó (1986) y Verdades y mentiras sobre Andrés Bello (2000).

En este momento estoy releyendo las páginas del libro Cecilio Acosta, vida y obra (1979) al tiempo que sostengo en la mano un caballito de bronce traído por él de la isla de Creta como obsequio suyo y como recuerdo del compartir en Grecia, cuando coincidimos en la Embajada de Venezuela en Atenas cuando José Ramón Medina (otro gran caballero, poeta y humanista, que estimaba mucho a Oscar) cumplía funciones de Embajador en ese país, y fuimos de visita allá con mi padre Elisio Jiménez Sierra y Alirio Díaz, en una jornada donde leímos poesía, cuentos y Alirio tocó su magistral guitarra.

Deseo rendir un tributo a la memoria de Oscar Sambrano por todo aquello que me permitió compartir en Caracas: proyectos literarios y charlas enriquecedoras sobre la literatura venezolana, una literatura aún por redescubrirse, a pesar de todos los esfuerzos que han hecho tantos investigadores, nuestra literatura está repleta de extraordinarios autores, estilistas, personalidades apasionantes que deberían hacernos sentir orgullos a todos nosotros. Sambrano Urdaneta era uno de ellos. Cuando hablaba de nuestros escritores se exaltaba, pleno de emoción, le ponía ese tono especial del trujillano a sus charlas, con elegancia, equilibrio y discreción. Sostuvo un programa televisivo sobre literatura que contó con una enorme audición. Fue uno de los divulgadores más obstinados de la obra del gran escritor larense Julio Garmendia, nuestro cuentista fantástico clave en el siglo XX, y además admirador de otro gran larense, Antonio Arráiz. De Julio Garmendia hizo varias ediciones críticas y exhumó textos poco conocidos o inéditos, como los de las selecciones de textos Opiniones para después de la muerte y La hoja que no había caído en su otoño (1982).

Veo la caligrafía de Sambrano en uno de los libros que me dedicó, y rememoro aquellos momentos tan provechosos trascurridos en La Casa de Bello, en Biblioteca Ayacucho, en el Palacio de las Academias y en los cafés y bares donde solíamos acudir a compartir los alimentos terrestres. Quien lo haya conocido a fondo compartirá estas impresiones.

Gabriel Jiménez Eman