VITRINA DE NIMIEDADES | Fórmula vs. Ingenio

Rosa Pellegrino

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Gracias a un afortunado tropiezo en redes sociales, leí un texto de Martin Scorsese sobre la profundidad de la obra del cineasta italiano Federico Fellini, que el estadounidense atribuye a una práctica común entre los directores de mediados del siglo XX: repreguntarse periódicamente qué es el cine. Aunque es un hábito que el director de Taxi Driver cree perdido, pensar en esa vieja costumbre despierta inquietudes: hoy, cuando todos podemos hacer un video, publicar un escrito y hasta diseñar con herramientas que ahorran pasos, ¿cómo asumimos la producción de sentidos en el reino de las redes sociales?

Guardando las prudentes distancias, viajo un momento a aquellos tiempos en los que decidí estudiar Comunicación Social, a finales de la década de 1990. Mi apuesta inicial era dedicarme a la radio, una deuda que tengo pendiente a pesar de los pocos momentos en los que he disfrutado estar en ese medio, pero al final me terminó enamorando el periodismo: la construcción de los textos como arte donde pocos logran su objetivo, la búsqueda del ingenio, la posibilidad de darle nuevos sentidos a nuestro entorno y, sobre todo, entender que la política está en todo, fueron el gancho para quedarme allí.

Y si bien en aquellos momentos existían fórmulas, patrones, esquemas, lineamientos, reflexiones y modelos de negocio sobre los cuales aprender, para bien o para mal, siempre estaba abierta esta posibilidad de alimentar la creatividad, de construir un sello propio, de discutir qué mensaje terminamos construyendo y cuáles son sus implicaciones.

Hoy, con las redes, la premura por producir y ser visibles atenuó ese ímpetu de dejar esa huella propia. La estética, en unos cuantos casos, ya no tiene el peso de otros tiempos. Y, sobre los contenidos, casi todo es lúdico, suave y sencillo, adaptado a la lógica prearmada que se ha construido en esos entornos, que hace posible darle “Me Gusta” a noticias verdaderamente desafortunadas porque así se mide su impacto. Por supuesto hay quienes se proponen dejar su impronta, quien comparte lo que sabe o se propone innovar, pero casi nadie vuelve sobre la pregunta que, al igual que Fellini, podría abrirnos el horizonte: ¿para qué se crearon las redes sociales?, ¿qué elementos componen este mundo?, ¿cómo dejar una marca distintiva?

No son tiempos sencillos para lo público. Algunos profesionales podemos ser vistos como prescindibles, especialmente cuando la información viaja en cápsulas con fórmulas preestablecidas. Esa sensación de saber sobre comunicación se impone vertiginosamente, aunque ello no signifique que se sabe efectivamente cómo comunicar. ¿Son más democráticos estos tiempos? Todo indica que no, pero esa sensación de participación que nos da publicar un tuit o un video alimenta bastante bien esa ilusión.

De la misma forma que Fellini y otros maestros volvían a preguntarse, “¿Qué es el cine?”, como cuenta Scorsese, quizás los comunicadores deberíamos volver a preguntarnos desde nuestras áreas qué es lo que hacemos, por qué y para qué sirve, especialmente cuando la información, la savia de nuestra labor, es tan frágil y manipulable. Volviendo a la raíz, a la revisión y al ingenio, probablemente daremos nuevos sentidos a nuestro trabajo.

Rosa Pellegrino