CARACAS EN ALTA | Los problemas

Nathali Gómez

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Quién sabe cuánto mide una vida estos días de pandemia. ¿Cuál pesa más?, ¿cuál es más liviana?, ¿cuál necesidad está más desnuda y, no por eso, más visible?

En esta pausa, los problemas, al contrario de nosotros, no se detuvieron. Siguen andando, como si no supieran que el cuidado de la salud ocupó un espacio solapado por temas más urgentes. Recordamos de manera forzosa que tenemos un cuerpo, cuyo funcionamiento real es una nebulosa, que pidió que miráramos hacia él.

A algunos los rebasan los conflictos internos, mientras que otros luchan contra el mar espeso de los causados por otros. El desbalance es parte de la existencia. Hay quienes luchan a brazo partido por ganar un espacio en su mente y quienes lo hacen por tener uno en algún lugar, por pequeño que sea.

Al preguntarse sobre el peso real de un problema las respuestas surgen de balanzas distintas. Cada quien considerará que el suyo es mayor o menor, según su análisis coyuntural. El asunto es que, tanto una piedra en el zapato como un asteroide en el techo, causan molestias y daños.

La empatía de las redes queda tan lejana y muda como el hecho de saber que alguien padece y no poder o querer hacer nada. La desigualdad tiene líneas mejor trazadas en momentos críticos como estos, cuando percibir que el otro atraviesa un mal momento también es una forma de salir un poco de nosotros mismos, sin dejar lo irresuelto de lado, claro.

No existe una maleta llena de soluciones ni posiblemente la oportunidad de acercarnos a alguien conocido o no y preguntarle qué necesita. La cotidianidad suele comerse esos impulsos mientras no alcanzamos a quitarle ni un bocado.

No hay que ir lejos. Desde mi ventana veo una serie de asuntos urgentes que la frecuencia ha ido delineando mejor. Ante ellos, tan cercanos, me quedo pensando qué hacer. Aún no los he resuelto, y por supuesto, es un reclamo.

Quedarse en casa es guardar la vida pero también es poner sobre ella una capa transparente que nos protege de esa vertiginosa realidad que no para de danzar allá afuera. Esta columna de hoy no fue una respuesta.

Nathali Gómez