RETINA | María Magdalena y su evangelio

Freddy Fernández

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Dice María Magdalena, con total convicción, que “Quien maneja las palabras construye la vida”. Así lo piensa luego haber sido testigo principal de los últimos tres años del Nazareno y de haber leído los evangelios que redactaron sus discípulos más cercanos.

Lo dice para subrayar su desacuerdo con los testimonios de los apóstoles y para narrar, desde su condición de mujer, una perspectiva distinta de los hechos de Jesús y de la sociedad en la que ocurrieron.

La responsable de este irreverente y lúcido evangelio es la escritora y periodista Cristina Fallarás. Publicada este año 2021, El evangelio según María Magdalena es la más reciente de sus novelas. Es autora también de Las niñas perdidas, que la convirtió en la primera mujer en ganar el premio Hammet, en 2011, que otorga La Semana Negra de Gijón, España. Como periodista, Fallarás ha sido merecedora de premios por Buenas Prácticas de Comunicación no Sexista y de periodismo feminista.

Con una narración limpia, económica y precisa, Fallarás emprende la siempre riesgosa tarea de proponer una visión distinta de la vida de Jesús y de su legado. Si bien ha habido en la narrativa otras aventuras de revisión de los evangelios, como las que escribieran Saramago, Kazantzakis y Otero Silva, El evangelio según María Magdalena tiene los retos de emprender su propuesta desde la visión de una mujer y de asumir la controvertida voz del personaje bíblico de Magdala.

“Las criaturas no comen palabras. La luz de los iluminados no alimenta”, reflexiona la Magdalena que vive y se transforma en esta novela de evidente oposición a la violencia y de comprometida defensa de la condición femenina.

“Más de cuarenta engendradores. Y ningún parto. Cuánto engendrar y qué poco parir. Ninguna hembra engendrada. Son números, ninguna. Ninguna hembra merece constar”, revela Magdalena al recordar las generaciones de patriarcas hebreos enumerados en la Biblia hasta la llegada de Jesús.

Su unión con el Nazareno se sustentaba en que “Ambos queríamos echar abajo el poder, las leyes, el Templo, la obediencia, la tiranía de castigo y violencia y castigo y violencia”.

Dice esta María Magdalena que “no hay amor si no se ama la carne”. Su compromiso con la labor de Jesús está hecho de un amor especial por la humanidad y por la búsqueda de caminos que protejan y excluyan a la violencia.

En esta historia los milagros de Jesús se naturalizan, sin perder prodigio, al alcanzar dimensiones humanas y, más concretamente, dimensiones femeninas. La multiplicación de los peces y los panes, la sanación de los enfermos y hasta la resurrección son narrados por María Magdalena como hechos producidos con humildad por unas mujeres que fueron invisibles en su mundo.

Freddy Fernández | @filoyborde