MICROMENTARIOS | Información y redes sociales

Armando José Sequera

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Hasta hace pocos años, existía cierto fetichismo en torno a la palabra escrita y se daba crédito a cuanto aparecía en la prensa y en los libros.

Por varias razones, esa credibilidad mermó y hoy no solo se duda de las palabras sino también de las imágenes que las acompañan, en especial de las muy elaboradas. Se sabe o intuye que casi todo cuanto publican los medios masivos privados de comunicación escrita o audiovisual expresa los intereses de los propietarios de dichos medios y los de la clase social a la que pertenecen.

En las décadas recientes surgieron las llamadas redes sociales: Facebook, Whatsapp e Instagram, entre otras. Estas, en apariencia, democratizan la información. Cualquier individuo provisto de un teléfono móvil, con cámara incorporada, puede atestiguar el acontecer cotidiano y mostrar lo que voluptuosamente se califica de verdad desnuda.

Esta característica dota de gran credibilidad a cuanto se expone a través de ellas, credibilidad que aumenta porque los mensajes que recibimos provienen –los han enviado o reenviado–, de personas en quienes confiamos: parientes, amigos y vecinos. Es tal la confianza que depositamos en ellos y ellas que no importa que nadie haya comprobado la veracidad de lo que se informa. Importa solo la proximidad del informante. ¿Cómo no creerle a nuestros padres, hermanos, cuñados, amistades del alma y vecinos de puerta o fachada?

Algunos de estos mensajes –los que obtienen el rango de noticias–, aunque también grabados de manera franca, son manipulados en las salas de redacción de los mismos medios de cuya veracidad se duda o en los cada vez más recurrentes laboratorios de noticias falsas. Allí se les añaden o quitan elementos, y se les transforma en mentiras creíbles o medias verdades.

Para certificarlos como auténticos se preservan o acentúan los defectos de las grabaciones espontáneas: imágenes desenfocadas, temblorosas, tan lejanas que todo se ve empequeñecido o tan próximas que solo se perciben sombras en movimiento, debidas al nerviosismo o la impericia de los “camarógrafos”. El contenido oral o textual también se edita o reelabora con mentiras, calumnias y rumores, muchas veces sin importar que contradicen lo expuesto en las imágenes.

Las noticias importantes las cubren los profesionales de la información. En algunas se incluyen testimonios espontáneos, sometidos a hábiles ediciones: se les incorporan textos coloridos o leídos con voces serias, se les dota de música circunstancial y hasta de efectos especiales.

Este material se presenta de manera que exponga o reafirme la ideología de los dueños de los medios de comunicación, propietarios a su vez –no por casualidad–, de las redes sociales.

Cuando con ingenuidad reenviamos tales mensajes nos convertimos –voluntaria e involuntariamente–, en duplicadores de mentiras e infundios, y en cómplices de quienes, en lugar de informarnos, pretenden imponernos, a como dé lugar, su punto de vista, las más de las veces contrario al de las mayorías.

Armando José Sequera

Escritor y periodista venezolano. Autor de 87 libros publicados y ganador de 24 premios literarios, ocho de ellos internacionales. En Micromentarios se habla de todo, como entre hermanos.