HISTORIA VIVA | México intermezzo de paz

Aldemaro Barrios Romero

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Hoy México y Venezuela, como ayer vuelven a unir sus aguas en la voluntad de una sola razón: la paz. La historia no se repite, pero en los tiempos del Siglo XIX, la independencia a lo largo de las Américas era una sola voz, esas resonancias llegaron a Europa y eran relatadas por intelectuales que abogaban por la independencia desde la visión eurocentrista; incluso la iglesia entró en el debate porque al Vaticano llegaron las voces de obispos latinoamericano que antes de 1821 fueron leales al Rey Fernando VII y luego, convencidos de la justicia, la paz y la independencia, profesaban simpatías hacia las “repúblicas católicas”, como el obispo panameño Hilario Rafael Lasso de la Vega, entonces obispo de Mérida en Venezuela, convertido a legislador del Congreso de Cúcuta, bajo el entusiasmo del Libertador Simón Bolívar.

En Europa el Abad de Pradt, obispo e historiador francés, describió de una manera “cataclísmica” las atrocidades cometidas por la Monarquía española en un texto que el Correo del Orinoco publicó en 1820:

“A nombre de la Independencia se halla empapado en sangre todo el continente América. Desde el estrecho de Magallanes hasta las Californias, se baten los hombres, se despedazan, en la mayor guerra civil de que ha gemido la humanidad (…) Para el español la sangre, las ruinas no son nada, triunfar su partido es todo. Si en Venezuela, unas mismas provincias han sido tomadas, retomadas y saqueadas mil veces, Montevideo ha resistido hasta el último extremo, Buenos Aires se ha mostrado infatigable en sus esfuerzos por la independencia. Este carácter español siempre el mismo en climas y circunstancias tan diferentes, es a la verdad muy notable” (1).

En la Carta de Jamaica (1815) Bolívar hace un análisis situacional de las Américas, como si se trasladara en un moderno dron tomando la visual geohistórica de cada región en particular y elevándose en una mirada cenital desde su pensamiento continental, reconoce el contexto general y esboza las líneas de acción de su bitácora política y militar en Suramérica y el Caribe.

Bolívar observó el tránsito de los patriotas en México cuidosamente igual que el método usado por ellos para ganar la voluntad de las mayorías respetando la simbología popular:

Felizmente los directores de la independencia de Méjico se han aprovechado del fanatismo con el mayor acierto, proclamando a la famosa Virgen de Guadalupe por Reyna de los Patriotas, invocándola en todos los casos arduos, y llevándola en sus Banderas. Con esto, el entusiasmo político ha formado una mezcla con la religión, que ha producido un fervor vehemente por la sagrada causa de la libertad. La veneración de ésta imagen en Méjico, es superior a la más exaltada que pudiera inspirar el más diestro y dichoso Profeta.

Los vientos liberadores en México se movían en sentido este-oeste y sur-norte, desde las costa de Yucatán al puerto de Veracruz llegaban barcos con noticias. Y seguramente ejemplares del Correo del Orinoco editado en Angostura al sur de Venezuela insuflaban de noticias los pulmones revolucionarios mexicanos que estaban divididos, igual con bastiones guerrilleros al sur, en Chiapas se levantaban banderas de independencia entrando la década del 20 del Siglo XIX.

Un golpe de Estado del jefe militar realista Agustín Iturbide hizo caer al virrey Juan Ruiz de Apodaca, para autoproclamarse Emperador de México. Tal parece que los autoproclamados nunca son recomendables y terminan siendo defenestrados por los pueblos y por el tiempo.

Iturbide, de origen criollo, fue siempre desplazado por los virreyes españoles, hasta que fue enviado a confrontar a los revolucionarios al sur de México y en una jugada de ajedrez astuta resolvió agrupar fuerzas con los subversivos y se asume como emperador, luego de traicionar al Rey abandonó a los patriotas también. Esa figura de rey o emperador la propusieron algunos propietarios de Colombia a Bolívar quien siempre respondió negativamente con dignidad republicana y democrática. Iturbide terminó dominado por las armas de los patriotas quienes revisaron el Acta de Independencia de 1821 y declararon la República de México en 1823. Iturbide se fue a España y regresó a México (1824) donde fue fusilado.

El Libertador en una carta dirigida al general Carlos Soublette, encargado de gobierno en el departamento de Venezuela, tomó el ejemplo de Iturbide en México para que los jefes patriotas suramericanos no cayeran en ambiciones de autoproclamación:

El aspecto que ha tomado la revolución de México en estos últimos días deja ver claramente su resultado. Una Monarquía, a que son llamados príncipes europeos de la casa de Borbón, se establecerá allí, y cuando contra todas las probabilidades no venga alguno de ellos, la corona recaerá necesariamente sobre el que tenga más audacia y resolución en México; de todas maneras el sistema bajo el cual se regirá aquella vasta región será Monarquía (2).

Las advertencias de Bolívar apuntaban a examinar el riesgo de un liderazgo débil ante la incertidumbre de nuevas formas de gobierno y la conocida manera autoritaria de gobernar y así se lo hacía saber a Soublette:

(…) si la sagacidad y la intriga de nuestros enemigos logra sembrar la discordia, suscitar la rivalidad en las clases de nuestra sociedad, dividir nuestros corazones, nuestros deseos y nuestros intereses, entonces seremos infaliblemente la presa del invasor. Todo es de temerse de parte del nuevo sistema de México, y del origen, carácter y pretensiones necesarias de su monarca.

Por otro lado desde México hasta Buenos Aires se debatía sobre la conveniencia de las nuevas formas de gobierno en América, lo mismo que en Europa la intelectualidad se enfrentaban entre la monarquía autoritaria y la democracia republicana, un debate protagonizado por dos de los intelectuales más destacados de Europa en el Siglo XIX, Benjamín Constant y el Abad De Pratt, que recientemente puso en contexto la filósofa colombiana Mónica Delgado, en textos reveladores de un libro que resulta lectura necesaria para comprender la gestión de Bolívar ante la amenaza de una anarquía y las pretensiones de los propietarios y terratenientes el año 1828:

En suma, encontramos que la aplicación rigurosa, por parte de Bolívar, del principio de igualdad desemboca en una concepción de Soberanía en la que la autoridad de la ley es la expresión de todos; por tanto, redunda en beneficios y responsabilidades para todos y se encamina al ejercicio del poder social por todos los habitantes del Estado (3).

La experiencia mexicana del 1820 a 1823 resultó una lección continental para una nueva era política que apenas estaba naciendo. Bolívar la evaluó y la puso en fragua situacional para sustentar su propuesta liberadora.

Igual hoy ponemos la forja de la paz con y en México, es el mejor ejemplo para la concordia en la región, en tanto Colombia sigue siendo territorio de guerra convencional con el agravante de exportar situaciones explosivas a sus vecinos Venezuela y Ecuador que amenazan la soberanía de ambas naciones y la tranquilidad de la región. Igual que ayer, fuerzas imperiales guerreristas agitan los conflictos en la región ahora con mezclas peligrosas de droga y pólvora mientras se lucha en todos los frentes de manera simultánea. La historia no se repite pero de que vuela y vuela en el tiempo-espacio desde hace 200 años en este contexto geopolítico.

Aldemaro Barrios Romero | venezuelared@gmail.com

(1) Correo del Orinoco N°58, Angostura, sábado 15 de abril de 1820. Tomo III. Edición Facsimilar, Centro Nacional de Historia. Caracas, Venezuela 2018.
(2) Bolívar Simón. Escritos anticolonialistas. Carta al general Carlos Soublette. Bogotá, 22 de noviembre de 1821, p.214. Compilación y comentarios Gustavo Pereira. Fundación Editorial El perro y la rana, 2015 (digital).
(3) Delgado Mónica. La dictadura de Bolívar contra la tiranía de los propietarios. Editorial Trinchera. Caracas, Venezuela, p.87.2020.