La araña feminista | La cofradía digital

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En ese nuevo espacio público que son las redes sociales se materializan prácticas y costumbres que reproducen la violencia patriarcal. Éstas al igual que ciertos medios digitales se han convertido en una especie de tribunal de inquisición en casos de violencia sexual y de otras formas de VBG, donde las sobrevivientes son juzgadas, humilladas y expuestas al escarnio público dándoseles un trato de victimarias, en comparación con sus agresores quienes son presentados en narrativas machistas como víctimas indefensas; perseguidos por la crueldad de niñas y mujeres manipuladoras.

Lo primero que necesita una persona que ha sufrido una violencia tan atroz como la violencia sexual es ser creída, porque asumir que vivió tal expropiación a su humanidad es altamente doloroso, y si a este hecho traumático se añade la retaliación y el deterioro de su integridad moral, el proceso de sanación, a la cual toda sobreviviente tiene derecho, se hace más cuesta arriba.

Cuando esto ocurre la sobreviviente se topa una y otra vez con aquello que la paralizó, sus peores temores se materializan al verse expuesta y devaluada de forma pública. Como señala Luisa Kislinger (2015): “La violencia mediática y la violencia simbólica, si bien no producen daños físicos y psicológicos directos, producen otro tipo de daños sutiles y duraderos: daños morales, degradación y escarnio públicos que afectan la reputación, autoestima e imagen de las mujeres y contribuye a reforzar o profundizar los patrones que las discriminan, marginalizan e invisibilizan”.

Estas acciones violentas ejecutadas por familiares y aliad@s de los propios agresores, y por otros depredadores, responden a una especie de cofradía digital que funciona al servicio de la cultura de la violación, y tienen como finalidad dañar la imagen de las sobrevivientes y quebrar cualquier forma de solidaridad que se teja en torno a ellas. Si el agresor no puede ganar la batalla legal buscará la forma de ganar la batalla simbólica.

El sexo es poder y la violencia sexual es un ejercicio de control que funciona como terrorismo sexual para aniquilar la voluntad y autonomía de las mujeres. Estas cofradías, además de defender a los agresores involucrados en cada una de las causas, defienden el “derecho a violar”, por esto quienes deciden denunciar se convierten en un peligro para aquell@s que ven a las niñas y mujeres como objetos sexuales al servicio del varón heteropatriarcal.

Cuando una sobreviviente de violencia sexual denuncia, también reclama su derecho a ser tratada como humana, no acepta la violencia como destino, con este acto se insubordina a ese régimen dictatorial que es el patriarcado, la denuncia es un grito de rebeldía: “Mi cuerpo es mío y tú, macho violador, no tienes derecho a disponer de él”. A este grito heroico de rebeldía, las feministas respondemos con las consignas:

¡Hermana, yo sí te creo!

¡Justicia para todas las niñas!

¡Justicia para todas las mujeres!

Ciudad Ccs / Gabriela Barradas/ Tinta Violeta