Punto de quiebre | Contrató a dos sicarios para asesinar a su concubino

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La mañana no había amanecido de muy buen humor que se diga y amenazaba con estallar en cualquier momento. Tenía tiempo que el cielo no se ponía de ese color y ya a lo lejos se veía que había comenzado a caer el aguacero.

–Que Dios nos libre y nos proteja. Cada vez que ese cielo se pone así es porque va ocurrir una desgracia–, dijo Dorotea mientras pasaba con parsimonia el mopín.

–Sí que hablas pendejeras, mujer, vas a estar creyendo en esas pendejadas; además, en esta familia no hay ningún enfermo y en este pueblo casi nunca pasa nada–, le replicó Marlene, quien estaba sentada haciéndose pedicure.

–¿Usted se imagina que lo malo que va a pasar es que se aparezca, después de tanto tiempo, el joven Edel Xavier, campante, como si no hubiera roto un plato?

–Verga, Dorotea, hoy estás peor que nunca. Qué va a estar regresando nada Edel, ese debe estar dándose la gran vida allá en Colombia y le debe haber montado por lo menos unos tres muchachos a esa pobre mujer, porque eso sí que tenía el Edel, ese es tirón como él solo.

La detención

Marlene los vio llegar, pero no les prestó mayor atención. Eran cuatro hombres y los cuatro usaban camisa manga larga, corbata y chalecos antibala. Uno traía una libreta tipo agenda en las manos, dos de ellos tenían radios portátiles que escupían palabras incongruentes, y el cuarto, que usaba un chaleco cortico que le llegaba poco más arriba del ombligo, traía su teléfono celular y una cámara fotográfica colgando del pecho.

–Buenos días, estamos buscando a la señora Marlene Coromoto Gil García y nos dijeron que aquí podíamos encontrarla–, dijo el policía que tenía la agenda en las manos.

–Siii… soy yo…. En qué puedo ayudarles–, inquirió Marlene, a todas luces nerviosa.

–Ah, mucho gusto señora. Somos del Cicpc y estamos investigando el crimen del ciudadano Edel Xavier Caldera Montilla–, respondió el policía.

–¿El crimen? ¿Lo mataron allá en Colombia? ¿Y cómo fue?

–No señora, no lo mataron en Colombia. Estamos seguros que lo mataron aquí mismo en Venezuela y, para ser más exacto, aquí mismo en Carrizal y necesitamos hacerle algunas preguntas. Tiene que acompañarnos a la delegación, porque tenemos entendido que usted fue una de las últimas personas en verlo con vida.

Dorotea los vio partir, sin entender todavía absolutamente nada de lo que estaba pasando. Hasta ahorita había pensado que Edel Xavier se había ido para su país natal, Colombia, siguiendo el perfume de otra mujer. Pero ahora vienen estos hombres y aseguran que Edel está muerto, que lo mataron aquí en Carrizal y para colmo se llevan a Marlene dizque para interrogarla. “Ya me tendrá que explicar todo este enredo cuando regrese”, se dijo.

Los problemas

Edel Xavier contaba con veinticinco años de edad y se había puesto a vivir con Marlene Coromoto, sin importarle que ella le doblara en edad. Durante algún tiempo todo funcionaba a las mil maravillas y Marlene hacía caso omiso a las burlas de sus amigas, que entre otras cosas le decían que había comenzado a criar de nuevo, después de vieja, a lo que ella respondía muerta de la risa “la cochina envidia las mata”.

Pero la alegría de Marlene Coromoto un buen día cesó, pues Edel Xavier viajó a San Cristóbal y debía regresar en tres días y se regresó casi al cabo de un mes.

Tormento y desenlace

Nunca se sabrá si era cierto o no que Edel Xavier le estaba montando los cuernos a Marlene. Lo que sí es cierto es que ella ya no pudo dormir tranquila nunca más, la atormentaban los celos, le revisaba a cada rato el celular, lo amenazaba con cortarle el pene, con botarlo de la casa.

Pero el joven se volvía a perder y cada vez con mayor frecuencia, por lo que ella tomó una decisión. La peor de todas las decisiones.
Aquella noche Edel Xavier llegó a casa de Marlene a eso de las 8 de la noche. Venía llegando de San Cristóbal. Hacía más frío que de costumbre en el mirandino sector Colinas de Carrizal.

Aparentemente todo estaba normal. Marlene convenció a Edel para irse a la habitación de una vez y cuando él entró al baño, ella dejó la puerta entreabierta.

Los dos cuerpos se retozaban acompasadamente y ya habían logrado entrar en calor cuando un chorro y numerosas gotas de sangre salpicaron toda la cama. Edel Xavier murió y ni siquiera supo nunca por qué, porque palabras no hubo. Lo último que pudo ver antes de que se le nublara la vista fue la cara de aquellos dos criminales que no se cansaban de apuñalarlo.

Caso resuelto

La policía nunca dijo cómo logró resolver el caso. Lo cierto es que, al cabo de dos años, descubrieron que Edel Xavier no estaba desaparecido sino muerto y que había sido mandado a matar por su concubina Marlene Coromoto, quien pidió a una amiga que la ayudara y esta amiga, que luego se supo que se llamaba Joy Lilibeth Díaz (refugiada en Chile), contrató a dos amigos identificados como Eduardo Oropeza Acosta, apodado “El Oso”, ya capturado, y otro hombre apodado “El Perro”, aún en fuga, quienes se encargaron se asesinar al joven y luego botar el cadáver por los lados del sector Club Hípico, paseo Morrocoy.

WILMER POLEO ZERPA / CIUDAD CCS